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lunes, 1 de abril de 2019

Historiando cantares - Viejo rancho de adobe

Viejo rancho de adobe
(Fotografía extraída del sitio "El Club Digital"

Por Gustavo Machado (*)

Patricio Salvador Irrazábal es el verdadero nombre del gran guitarrista santafesino, nacido en Villa Gobernador Gálvez, conocido artísticamente como "Toti Aguilar" con quien tengo el placer de compartir una decena de temas. 

"Viejo rancho de adobe" nació a raíz de la segunda grabación de "Los Integrantes". Justamente me encontraba de visita por mi pueblo y nos habíamos juntado a chamamecear un poco con Juan Chazarreta en mi casa. Me muestra Juan la melodía y me gustó mucho y así en chiste le digo: ¿cómo le vamos a poner? y me mira Juan y me dice: ¡ah no sé porque es de Toti!... Y enseguida replicó sonriente: ¡Mi rancho viejo! ¿te parece? 

Me gustó mucho el título e imaginariamente me remonté al pueblo de Esteban Rams (Nota: localidad situada en el departamento Nueve de Julio, en el noroeste de la provincia de Santa Fe), al rancho del amigo "Bayo" Malagueño y no fue más que describir ese rancho de adobe y paja, con puerta de bolsa de arpillera y lleno de goteras, donde a la noche y alumbrados por un candil supimos compartir varias "mulitas" al horno de barro. 

El rancho está medio a las afuera del pueblo, en una calle en la que es la única edificación, por eso dice: ..."por la calle del destino la suerte pasó de largo, porque pobre amigo, la vida no fue muy generosa con él". 

Así nació este "Viejo rancho de adobe" que junto a "Fiesta patronal", otro de los temas de "Toti" y mío que integran ese disco compacto (Nota: disco "Seguimos apostando", año 2001) fueron los temas más solicitados de ese trabajo. Gracias "Toti" Aguilar por tan lindas melodías.

(*) Gustavo Cesar Pablo Machado nació en Ceres, Santa Fe, Argentina, el 29 de noviembre de 1966 y reside actualmente en Esperanza, provincia de Santa Fe. Autor y compositor de más de 800 obras musicales (registradas en Sadaic) de diversos géneros con gran predominio de las de raíz folklórica, especialmente del Litoral. Sitio web: Gustavo Machado.

VIEJO RANCHO DE ADOBE

Letra: Gustavo Machado


Mi viejo rancho querido,
tapera te vas quedando.
El matorral del olvido
de a poco te va tapando.
Tuviste puerta de bolsa,
goteras por todos lados,
y adornando una pared
supiste tener un lazo.
Bajo tu alero de adobe
un catre para el descanso
y la sombra generosa
de aquel árbol en el patio.
En invierno fuiste abrigo
de aquellos perdidos años,
cuerpeándole a la pobreza
tan sólo con mate amargo.
Por la calle del destino
la suerte pasó de largo,
pero siempre te recuerdo
mi viejo rancho de barro.



El autor del blog con el "Toti" Aguilar en el Festival del Chamamé de Federal (Entre Ríos). Febrero de 2009.



domingo, 17 de marzo de 2019

Historiando cantares - La calandria

El chamamé instrumental "La calandria", de notable inspiración y destacada y bella melodía, fue concebido por Isaco Abitbol no solamente como un chamamé más de su autoría, como una obra más, sino como una pieza musical muy especial, ya que en sus notas comprente tanto la ambientación y el paisaje en los cuales se desarrolla la idea musical, como la misma esencia y canto del ave, sublimando éste a través de la melodía, que tiene la infinita nostalgia del bien perdido.

Y esa sublimación, esa infinita nostalgia del bien perdido, se da justamente porque la verdadera inspiradora de "La calandria" era una muchacha de la ciudad de Alvear a la que cortejaba Isaco Abitbol en su juventud, pero el padre de ella no lo quería porque aspiraba a que su hija se casara con un profesional o con alguien que le diera la suficiente seguridad económica que un bohemio, un músico como Isaco Abitbol, preveía que no le iba a poder dar, ello al mejor estilo de los pueblos y de la época. Isaco Abitbol, entonces, se fue a Buenos Aires para tratar de triunfar y volver luego triunfante a Alvear a buscar a la guaina de sus amores. Pero sucedió que cuando Isaco Abitbol volvió a Alvear, después de un tiempo, la mujer amada ya se había casado con otro.

La calandria, la más visible en su representación musical de la obra, es un pájaro de unos 27 cm de largo, gran caminador y de rápida carrera, que tiene el plumaje con colores apagados con el dorso pardo-grisáceo con débiles rayas oscuras. Sus alas son cortas y más oscuras con algo de blanco en algunos ejemplares, con cola larga, y con el vientre y el cuello blanquecinos. Su pico es largo y delgado el cual le sirve especialmente para capturar los insectos de los cuales se alimenta.

La calandria es una excelente cantora, con un gorjeo muy agradable que tiene la capacidad de imitar el canto de otras aves, los ruidos de su entorno, el silbido humano y también la música que escucha. Su canto armonioso posee notas muy variadas que no se repiten dos veces seguidas en el mismo orden.

Y justamente en el chamamé "La calandria", Isaco Abitbol recoge esas características de su canto, en la primera de las dos partes musicales que bien definidas y distinguibles tiene la obra, a través de la música y de los instrumentos, en particular del bandoneón, en forma sublimada, figurativa e imitativa.

En la primera grabación de "La calandria" realizada por el Cuarteto "Santa Ana" en el año 1946, se incorporó un recitado inicial a cargo de Ricardo Llanos (nota: también conocido como Julio Montes, ambos seudónimos de Hugo César Sosa), figurando la autoría de Isaco Abitbol en forma exclusiva. En las grabaciones siguientes, años 1968 y 1984, ya aparecen como autores Isaco Abitbol y Julio Montes.

El chamamé "La calandria", entonces, fue grabado por el Cuarteto "Santa Ana" dirigido por Isaco Abitbol y Ernesto Montiel (Nota: con bandoneón de Isaco Abitbol, sin acordeón) el 12 de diciembre de 1946 con recitado a cargo de Ricardo Llanos, seudónimo utilizado por Julio Montes cuando ingresó al Cuarteto "Santa Ana" (Nota: disco "Trébol de Oro del Chamamé - Lo mejor de lo mejor - Volumen 1"). Luego, fue grabado por Isaco Abitbol y su conjunto en el año 1968 con recitado a cargo de Roberto Galarza (Nota: disco "En la bailanta", con Isaco Abitbol en bandoneón, Roberto Galarza en voz y guitarra, y Migdonio Pérez en guitarra), luego en una grabación tomada en vivo en el Estadio Obras el 8 de junio de 1984 (Nota: disco "Grande maestro!!!", con guitarras de Ángel Dávila y Antonio Tarragó Ros), y en el año 1986 en el marco de la discografía de León Gieco (Nota: disco "De Ushuaia a la Quiaca - Volumen 3", grabado en la estación de tren de Curuzú Cuatiá, con León Gieco en guitarra). Finalmente, lo volvió a grabar el Trío Correntino "Pancho Cué" en el año 1993 (Nota: disco "La sinfónica chamamecera", con Isaco Abitbol en bandoneón, Rubén Miño en acordeón y Nicolás Antonio Niz en guitarra, editado en 2005).


Tapa del disco "En la bailanta". Incluyó "La calandria", con recitado de Roberto Galarza. Año 1968.

Tapa del casette "Grande Maestro!!!". Incluyó "La calandria", con guitarras de Ángel Dávila y Antonio Tarragó Ros. Grabado en vivo en el Estadio Obras, Buenos Aires, año 1984.

Tapa del disco "La sinfónica chamamecera". Incluyó "La calandria" ejecutada por Isaco Abitbol (bandoneón), Rubén Miño (acordeón) y Nicolás Antonio Niz (guitarra). El tema fue grabado en 1993 y fue incluido en el disco editado en 2005.

LA CALANDRIA - chamamé

Música: Isaco Abitbol
Glosa: Julio Montes

Según reza una leyenda 
de mis selvas correntinas,
la Calandria era una guaina
muy cantora y peregrina.
Ambulando por los montes
iba la guaina cantando
y alegrías y canciones
a su paso iba dejando.
Por su canto dulce y puro
Dios premió luego a esta china,
transformándola en calandria
de mis selvas correntinas.


Grabado por el Cuarteto "Santa Ana" con recitado de Ricardo Llanos (12/12/46), por el conjunto "Isaco Abitbol-Roberto Galarza" con recitado de Roberto Galarza (1968), y sin recitado en 1984, 1986 y 1993.

Actuación en vivo de Isaco Abitbol (bandoneón) y Nicolás Antonio Niz (guitarra)

NOTA DEL AUTOR DEL BLOG:

Existe una versión cantada de "La calandria", con letra de Ramón Ayala, la cual ha sido grabada por María Ofelia (disco "La calandria", año 1995), Rosendo y Ofelia (disco "Enamorados de la libertad"), Teodoro Cuenca (disco "Misiones, la magia de un sueño", año 1995), entre otros.

LA CALANDRIA (versión letra)

Autor: Ramón Ayala

Llorar, sufrir, cantar con lágrimas del alma...
penar, volar, buscar por la selva quemada.
Sentir su voz cuando la muerte se ha llevado
un tiempo azul de alas que no volverán.


Soy la Calandria que solloza por su herida...
soy el dolor del monte preso en su agonía.
Soy el clamor del río lleno de horizonte...
soy la pasión que vuelve cada amanecer.

Estribillo

Por el camino vuelve a mí
un tierno canto de cristal,
un espejismo, un frenesí,
un regresar del más allá.
Con la sombra va muriendo el día
y es noche eterna en mi corazón.
El rumbo del sol, 
por el viento fugaz,
en recuerdo se enciende
su piel montaraz.
Sólo plumas ruedan por mi alma
en el desierto de mi soledad.

Por qué Señor el hombre pasa por la vida,
sin ver el sol que habita en las cosas sencillas...
el resplandor del monte vivo en su alegría,
matando el pájaro y su propio corazón.

No quiero ser un árbol muerto en el camino
crucificado sin madera ni destino.
Ya no tendré jamás el sueño de su pico,
la miel del alma que enjoyara su sabor.


Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2013. Isaco Abitbol "El patriarca del chamamé" y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní. Buenos Aires. p. 270-272.

jueves, 14 de marzo de 2019

Historiando cantares - Anahí

Hola amigos del blog.
Les dejo hoy la historia de esta canción-leyenda de la flor del ceibo, de obra de Osvaldo Sosa Cordero (1906-1986), poeta, glosista, autor y compositor correntino nacido en Yaguareté Corá (hoy Concepción). Para más datos sobre su biografía, recomiendo consultar el sitio de la Fundación "Memoria del Chamamé".
Será hasta la próxima.
Pablo

Osvaldo Sosa Cordero nació en el pueblo de Yaguareté Corá, hoy llamado Concepción, en la provincia de Corrientes, el 6 de julio de 1906 y falleció en la ciudad de Buenos Aires el 19 de septiembre de 1986.

Fue poeta y entre otras obras escribió el "Romancero Guaraní", y fue autor de tangos grabados por exitosas orquestas típicas como "Buenas noches Buenos Aires", "Embrujo", "Yo llevo un tango en el alma", "Para Corrientes", la milonga "De pura cepa" y los candombes "Café" y "Charol", este último de gran suceso en la voz de Alberto Castillo, entre otros.

Osvaldo Sosa Cordero
Fotografía extraída de la Fundación "Memoria del Chamamé"

También fue autor de temas litoraleños como "Tus raros antojos", "Naranjerita", "La novia del Paraná", "Juan Payé", "Nendivei", la segunda letra de la obra musical de Damasio Esquivel "Alma guaraní" y "Cambá Cuá", entre muchos más.

Además, tuvo su propio conjunto musical denominado "Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos" con el cual llegó a registrar grabaciones.

Radicado con sus padres desde chico en la ciudad de Buenos Aires, ya al comienzo de la década del '30 escribía temas guaraníes encargados por Jaime Yankelevich, importante productor discográfico y radial, con destino a ser estrenados por Samuel Aguayo. Así nacieron algunas de sus obras musicales.

En el año 1943, Osvaldo Sosa Cordero tenía a su cargo los números litoraleños del espectáculo folklórico denominado "Voces de mi tierra" que presentaba el empresario teatral Pascual Carcavallo en el teatro "Presidente Alvear" de la calle Corrientes 1659, donde Francisco Canaro presentaba su comedia musical "Buenos Aires de ayer y de hoy". Para el espectáculo "Voces de mi tierra" fue que Osvaldo Sosa Cordero escribió su canción guaraní "Anahí", basándose en la leyenda de la flor del ceibo.

Su inspiración nació cuando en el año 1943 tuvo que concurrir a Tribunales, al edificio ubicado enfrente de la plaza Lavalle, a hacer un trámite. Al salir de allí se sentó a descansar en la plaza pensando en el tema musical que debía componer para presentar en la obra aludida. En esa plaza Lavalle, que con el nombre de "Plaza del Parque", porque justamente donde actualmente está Tribunales, estaba el "Parque de Artillería", en los días de la década del '10 era uno de los espacios verdes de la ciudad mejor cuidados, con sus canteros florecidos y sus árboles de distintas especies, ya que contaba con grandes aromos, pinos, cedros, ceibos de Jujuy, y otras especies como el ombú y una enorme magnolia que rodeaba el asiento circular adonde por las tardes amigos y vecinos se reunían en animadas tertulias. Y allí, en la plaza Lavalle, se sentó Osvaldo Sosa Cordero pensando en el tema musical que debía componer para la obra. Y al ver los ceibos allí existentes, en la parte de la plaza que da a Tucumán y Talcahuano, de flores rojas y brillantes, elaboró, inspirándose en ellos, el tema en base a la leyenda, asignándole el nombre de "Anahí" a la princesa guaraní, heroína de la misma.


La flor de ceibo, según la leyenda, simboliza la pureza y altivez de la raza guaraní. Por tal motivo, recuerda la bravura de una princesa india, valiente e indomable, de rostro feo y voz sumamente dulce, llamada Aka'e, y a los valientes guerreros que habitaban las orillas del río Paraná. Aka'e un día fue aprisionada por enemigos de los indios guaraníes, pero logró huir de su cautiverio dando muerte al centinela que la custodiaba. Fue apresada nuevamente y por dicha muerte fue condenada a morir en la hoguera. Fue atada a un árbol y al llegar la noche, fue incendiada en presencia de todos, siendo envuelta por las llamas. El árbol y la india, al quemarse, fueron adquiriendo una extraña forma y un extraño color, y al llegar la aurora estallaron en múltiples flores, transformándose en una nueva planta con flores rojas, que fue la flor de ceibo. Este martirio encarna la bravura de toda una raza que jamás se quiso doblegar: la raza guaraní.

El nombre "Anahí", en realidad "Ana-í", es el nombre "Ana" utilizado en diminutivo, "Anita", pero en diminutivo guaraní, con la "i" final. El nombre Ana proviene del hebreo "Hannah" que significa "dotada de misericordia". Ese nombre "Anahí" o "Ana-í" no era utilizado por los guaraníes ni fue inventado por Osvaldo Sosa Cordero. Los primeros registros del nombre "Anahí" datan recién de la década del '20.

Una vez terminada la canción "Anahí", fue estrenada en la citada obra "Voces de mi tierra" en el teatro "Presidente Alvear", y fue grabada por el conjunto "Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos", con la voz de Jovita Luna, el 6 de diciembre de 1943.

Samuel Aguayo la grabó el 25 de septiembre de 1951 con su conjunto guaraní, y el 10 de abril de 1958 con su gran orquesta paraguaya.

ANAHÍ - guarania

Letra y música: Osvaldo Sosa Cordero

Anahí, las arpas dolientes
hoy lloran arpegios que son para tí.
Anahí, recuerdan acaso
tu inmensa bravura reina guaraní.
Anahí, indiecita fea
de la voz tan dulce como el aguaí (1).
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto,
perduran tus fueros en la flor rubí.

Defendiendo altiva tu indómita tribu
fuiste prisionera,
condenada a muerte ya estaba tu cuerpo
envuelto en la hoguera,
y en tanto las llamas lo estaban quemando
en rojas corolas se fue transformando,
la noche piadosa cubrió tu dolor
y el alba asombrada
miró tu martirio hecho ceibo en flor.

(1) Árbol frutal, su fruta.

Texto extraído de:
Gutiérrez Miglio, R. 2008. Samuel Aguayo, el rey de la canción guaraní. Ediciones El Reino Guaraní, Buenos Aires. 96 p.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Historiando cantares - El Mencho Cirilo

El Mencho Cirilo fue un personaje cómico creado e interpretado por Julio Montes (nota: nombre artístico de Hugo César Sosa), a instancias de Pedro Mendoza, director de la revista "Iverá", quien, para plasmarlo en la ficción, tomó acertadamente elementos provenientes de la realidad, de la vida real. Se basó en la música, las costumbres, la gente, los personajes, y hasta su lenguaje, transformando convenientemente para, según sus observaciones, proponer una acuarela pintoresca del Litoral, pero en Buenos Aires, de carácter cómico, festivo.



Desde las páginas de la revista "Iverá", el Mencho Cirilo dejaba su mensaje singular, formando parte del elenco estable de la publicación, a través de la columna "Nuestra página jocosa", que trascendiendo a ella, permitía que Julio Montes, con su personaje, el Mencho Cirilo, recorriera escenarios, radios y teatros de todo el país.


Así, Julio Montes, con su personaje el Mencho Cirilo, llegó a ser parte de la vida chamamecera cotidiana, con personalidad típica, propia, independiente. No obstante, el personaje, el Mencho Cirilo, indudablemente responde a una época, a un momento determinado de artistas chamameceros, de música y de letras del acervo del Litoral, con personajes reales, ficticios, imaginarios, deformados de la realidad, situaciones y costumbres que podría ubicarse entre los años 1945 y 1955.



Se observa que desde el año 1945 surgieron obras musicales con las características apuntadas, con Mario Millán Medina como precursor del género. Así nacieron personajes como "el recluta" y "la Raela" de la mano de Mario Millán Medina y continuado por Julio Montes. Nacieron entonces "La papeleta" en 1945, "El recluta" en 1945, que continuó con "La vuelta del recluta" en 1946, con "El recluta enamorado" y con "La franquicia del recluta" en 1947, y con "El hijo del recluta" en 1948, con grabaciones realizadas por Mario Millán Medina y su trío, por Julio Montes y su conjunto "Santa Anita", y por el "Cuarteto Santa Ana". Aparecen, interviniendo en unos temas, los personajes de otros temas, "La Raela" con "El voto de la Raela" y "El casamiento de la Raela" en 1947, y "El loro de la Raela" en 1952. De la mano de Julio Montes aparece "Agriana en Buenos Aires" en 1950 y "Agriana" en 1953.



Surgieron otros personajes más efímeros como "El sargento Zeta" en 1945, "Taitalo vino del Chaco" en 1947, "Se casó la Nicanora" en 1950 y "Yo co' soy Mamerto Troncoso" y "Agapito Giménez" en 1951. Encolumnado en esa corriente, Osvaldo Sosa Cordero presentó a "La Chonga" en 1948, continuando con "La Chonga canta el bolero" en 1950 y "Se casó la Chonga" en 1952.



También surgieron bailes chamameceros reales que fueron sucediendo unos a otros, comenzando con "El rancho e' la Cambicha", de Mario Millán Medina, de 1947, para proseguir con "El patio 'e Ña Polí" en 1952, "El bailongo de Naticha" en 1953 y "Habrá baile en lo de Colacha" en 1956.



Volviendo al Mencho Cirilo, personaje fundamentalmente de la revista Iverá, nacido de la mano de Julio Montes en 1947 musicalmente con "El Mencho Cirilo", y continuando en 1952 con "El burrito del Mencho", en 1953 "La fama del Mencho" y en 1955 "Balón del Mencho", grabados por el "Cuarteto Santa Ana", por Julio Montes y su conjunto "Santa Anita", y por Damasio Esquivel y su "Sexteto Guaraní".



El chamamé "El Mencho Cirilo" perteneciente a Julio Montes y Pedro Mendoza fue grabado por primera vez por el "Cuarteto Santa Ana", dirigido por Isaco y Montiel, cantando Julio Montes con el nombre de Ricardo Llanos, el 17 de julio de 1947. Luego lo volvió a grabar Isaco Abitbol con su conjunto cantando Publio Zamudio en el año 1968.


Nota: para conocer más del cancionero de Julio Montes, AQUI.

EL MENCHO CIRILO

Letra: Julio Montes
Música: Pedro Mendoza

Yo co' soy el Mencho Cirilo
esclitor de mucho rienombre, 
colaboro co' en el librito
Iverá, jheí nicó, el nombre,
y las guainas me tienen loco
porque soy demá popular,
y en donde me ven las muchachas
me ponen a cargosear.

Menchito de aquí, Cirilo de allá,
yo te quiero a vó, lindo che cambá,
un abrazo aquí, un besito allá,
yo no sé qué hacé, me van a matá.

Lo peor es que no me dejan
pidiéndome un autógrajo
yo no tengo nicó ni un auto,
arecó manté un cabayú.
Otras quieren tené mi joto,
el rietrato co de este artisto,
pero sîkî que le voy a dale,
a lo mejor me hacen un payé.

Yo no sé qué hacé, soy muy popular,
me viá a escondé en el malezal,
saludale a usté, a la guaina itá.
Menchito se va Corrientes peguá.
He de co volvé a cantá otra vé,
y hacele callá a un aca guazú.
Agapito aigüé, Giméne tuyá,
Cirilo se va pero volverá.

Grabado por el "Cuarteto Santa Ana" (dirección Isaco Abitbol y Ernesto Montiel), cantando Ricardo Llanos, el 17 de julio de 1947.
Grabado por Isaco Abitbol y su conjunto, cantando Publio Zamudio, en 1968.

Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2013. Isaco Abitbol "El patriarca del chamamé" y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní. Buenos Aires. p. 249-251.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Historiando cantares - Allá por Yahaverê

Hola amigos del blog.
En julio del año 1980 "Los de Imaguaré" graban su tercer disco titulado "Chamamecero" con la siguiente conformación: Julio Cáceres (recitados y canto), "Pocholo" Airé (guitarra), Ricardo "Tito" Gómez (bajo y canto) y Joaquín "Gringo" Sheridan (bandoneón y acordeón). Uno de los temas de este disco, y al cual haremos referencia, fue un hermoso chamamé fruto de la inspiración de "Tito" y que él mismo con su guitarra le dio la primera forma, para luego, en compañía con el bandoneón del "Gringo", naciera "Allá por Yahaverê". Si bien la historia tiene ribetes picarescos, guarda un trasfondo melodramático debido a un encuentro muy fugaz donde nada llegó a concretarse, dejando al "pobre" "Tito" nada más que con los recuerdos de los ojos y labios de aquella guainita...
Pablo


Por Ricardo "Tito" Gómez

Corría el año 1979 y nosotros ("Los de Imaguaré") vivíamos en Buenos Aires. Me refiero a los integrantes originales del grupo citado, a saber: Joaquín “Gringo” Sheridan, Julio Cáceres, Carlos Núñez y yo. En verano de ese año, en ocasión de una visita a Mercedes (Corrientes de todos nosotros, Julián Zini nos invitó a hacer una visita al Complejo de la Laguna del Iberá, entonces sólo poblada por los estereños (LOS LEGÍTIMOS DUEÑOS DE LA TIERRA) porque él quería llevar la Virgen de Itatí para que esa gente la conociera y nos invitaba a nosotros, porque esas familias de estereños jamás habían visto un grupo de chamamé en vivo. 

Allá fuimos entonces a conocerlos y a pasar una semana internados allí, solo que "Carlitos" Núñez no fue no sé bien por qué motivo y solo fuimos con Julián, "Gringo", Cáceres y yo. Confiado como siempre, yo entré a ese espejo de agua inmenso, en que por momentos solo se veían, cielo y agua nomás, muy livianito de ropas. Resultado de mi inconciencia, mis piernas sufrieron quemaduras de segundo grado por haber ido solamente con un short, y en cada familia que visitábamos las mujeres de la casa me ponían cremas para esas quemaduras que dolían, ¡ustedes no saben cómo! 

Una vez cumplidos nuestros objetivos al visitar a casi todas las familias del Paraje Yahaverê, como al otro día regresábamos, resolvimos hacer un gran baile en la casa de uno de ellos e invitar a todas las familias que habíamos visitado…

Pregunté a nuestro guía, don "Cambicho" Barbona, si vendrían guainas y me dijo… "Claro pues chamigo…El paraje tiene muchas de ellas y son hermosas". Entonces, ante esa afirmación y aprovechando que "Gringo", Julio y Julián fueron en una jardinera a invitar a las familias del paraje, yo, con intenciones non sanctas, me las ingenié para desarmar la carpa que habíamos armado entre los cuatro y la saqué del frente de la casa y la llevé detrás de la casa y la re- armé, pero esta vez, entre las cañas de un cañaveral que estaba allí.

Mientras arribaban las familias al atardecer, ya me di cuenta que "Cambicho" había hablado con razón…Iporáma las guainas chamigo! Mientras una guaina, de esa casa donde sería más tarde el baile, nos cebaba mates con tortas fritas que ella misma había amasado para agasajarnos, nos pusimos de acuerdo entre los músicos y dijimos: "mientras 'Tito' acompaña a "Gringo" con su fuelle, yo bailo" -dijo Julio. Y yo respondí: "...claro, pero después vos venís a acompañarlo para que yo pueda bailar, 'tá?" 

Así fue que comenzó el baile y yo ya estaba enamorado de una guainita de ojos de miel y sonrisa de aurora que me miraba insistentemente y que no pasaba de 18 años. Debo aclarar que en ese entonces yo tenía 28 años y todo el don de mujeriego encima. Cuando bailaba Julio, yo tocaba la guitarra y la miraba, y después, cuando me tocaba a mí el baile, salía a bailar con ella, pues con un tácito respeto por el dueño de sus miradas, en esa noche ella no bailó con nadie más que conmigo. En un momento en que no me daba cuenta, porque bailábamos los dos con la luz del sol de noche, que detrás de cada brasita encendida de los cigarros en la ronda que nos cercaba, había un hombre mirándonos, le dije a mi amor de una sola noche: "tengo una carpa allá atrás… ¿Vamos?". Ella me dijo … "Vamos". Entonces, tomándola del brazo encaré para la carpa. Allí entramos y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el cura, sentado en el medio de la carpa, me decía socarronamente..."Hola Tito! Cómo estás?" Ahhh!!! jajajajaja. En esa noche fue muy poca la gracia que me hizo eh? Julián me conocía muy bien, y ya cuando no vio la carpa frente a la casa se imaginó al toque que me traía entre manos. Regresamos a la pista con mi guainita y allí un guitarrero de la zona que ejecutaba con maestría punteados al estilo campero le pidió a "Gringo" que deje el bandoneón y dijo con esa comprensión callada de nuestros paisanos, voy a tocar "El jilguero", un clásico chamamé correntino, para que baile "El músico" notando que "Gringo" no había bailado en toda la noche…Qué generosa es nuestra gente! Así fue, que aunque sea una música, también el "Gringo" Sheridan pudo bailar esa noche. 

Terminaba el baile y mientras todos se despedían mi guainita me tomó de la mano y llevándome donde no había nadie, me besó largamente mientras decía con un suspiro y con una expresión muy usada en Corrientes… "Ohhh, destino en poder ajeno", consciente de que nuestras vidas, jamás volverían a cruzarse ya que yo no volvería jamás a aquel paraje donde conocí sus besos y ella no iría a Mercedes, incomunicados para siempre, ya a partir de esa misma noche porque en ese tiempo no existía Internet, celulares, WhatsApp, ni mbaé añá. 

Al otro día, ya en la canoa de don "Cambicho" que nos llevaba de regreso, yo tomé mi guitarra con toda la nostalgia de lo vivido en esa noche anterior y sugería una melodía con ella, y "Gringo" tomó su fuelle y le dimos la primera idea a esa canción de los dos. Julio entonces tomó lápiz y papel y poetizó las glosas del comienzo que, en forma breve, pintaba lo ocurrido un rato antes, con mucha poesía, ya que a la exclamación de mi compañerita de baile al besarnos de… "Ohh destino en poder ajeno" le dio la belleza de la poesía en la parte que él mismo recita en la grabación de esa canción con estas rimas: "La luna cerró los ojos y en silencio te besé, qué corto el tiempo dijiste y qué grande mi querer!" 

Esto les digo para los músicos que sabrán diferenciar muy bien la parte de tonalidad mayor, indudablemente con el estilo de "Gringo" y la parte en que la tonalidad se convierte a menor, con el tratamiento armónico de la sucesión de acordes y la melodía no muy frecuente para aquellos tiempos, compuesta por mí…

Los que tocamos en esa grabación en este tema, fuimos "Pocholo" Airé, "Gringo" Sheridan y yo. Les dejo abajo el vídeo con la canción…Espero que hayan disfrutado con el relato de cómo nació esa bella canción de amor, sin letra pero con una melodía tan enamorada que toca nuestros corazones, ayé compañeritos músicos?

jueves, 16 de agosto de 2018

Crónicas - Kilómetro 11, el sitio incierto del nacimiento de un himno

Hola amigos.
La siguiente crónica fue extraída de "El Faro", revista digital federal del Programa de Cultura del Consejo Federal de Inversiones (CFI) (http://revista.cultura.cfi.org.ar), la cual se publicó el 18 de abril de 2018.
Mario del Tránsito Cocomarola -"Coquimarola"- accedió a un reportaje en la ciudad de Corrientes y cuenta los pormenores de la historia sobre la obra cumbre de su padre, "Kilómetro 11".
Hasta la próxima.
Pablo


Texto: María Laura Riba (escritora y periodista)

Fotos y videos: Diego Cerretti

Fotos históricas: gentileza de Pedro Zubieta

Don Mario del Tránsito Cocomarola supo hacer magia con la música en un lugar incierto, donde el azar se junta con caminos de tierra y un pasado no escrito. En Corrientes hay un himno que se canta en español y en guaraní, un himno cuya bandera es el chamamé. "Kilómetro 11" suena, y no hay quien se quede en su asiento ni garganta que no pegue un sapukay.

En agosto se cumplen 100 años del nacimiento de don Tránsito Cocomarola, quien nació en San Cosme, un pueblo de Corrientes distante a 32 km de la capital provincial. Allí, en ese pueblo, el “Taita” del chamamé, movió sus dedos niños, por primera vez, en un acordeón dos hileras de su padre italiano, Felipe Cocomarola.

Este hombre que dio a la música del litoral cientos de obras que trascendieron todas las fronteras, y ofrendó a Corrientes el himno chamamecero "Kilómetro 11", se fue joven, a los 56 años, en 1974, y nos dejó preguntas que hoy nos hacemos sobre este tema. No hay ninguna referencia al respecto del propio Cocomarola; sin embargo, existen las palabras, aquellas que fueron transmitidas a su descendencia. Así, "El Faro" contactó a uno de los hijos del “Taita”, el músico chamamecero del mismo nombre que su padre, Mario del Tránsito Cocomarola; pero conocido por todos como "Coquimarola", quien guarda en su sentimiento más profundo, la huella de su padre, la cadencia al recordar lo que él, alguna vez, le contó.

"Coquimarola" recibió a "El Faro" en un amplio salón de SADAIC, en Corrientes Capital, lugar de donde es presidente de la Junta Consultiva. Fue un día de calor y sol intensos, en el otoño al lado del Paraná, un mediodía donde el “Taita” se hizo presente en la conversación amena.

“El kilómetro 11 del chamamé está ubicado en la zona del primer control que está después del aeropuerto… está el de la entrada a Santa Ana, el otro que va al Perichón y el que va a Paso de la Patria… ahí hay un control… mi papá compuso este chamamé un poquito más adelante de ese control. Ahí, verdaderamente, mi padre compuso Km 11”, comienza diciendo "Coquimarola". 

Uno comprende entonces que aquel lugar no señalizado, ahora ruta asfaltada, aquel punto que uno debe imaginar y que pronto pasará a formar parte de la Autovía próxima a construirse, ese sitio del que habla el músico, fue el escenario de tierra y polvo que bendijo las manos del “Taita”, alrededor de los trece años, para que comenzara a esbozar, a la vera del camino, los acordes del himno chamamecero. 

No hay nada allí, ni un cartel ni una cinta ni un nombre. Sobran los dedos de una mano para contar quién conoce que allí se inició la creación de "Kilómetro 11". Nada que lo indique. “Como correntinos, también nosotros, muchas veces, no nos damos cuenta de lo que tenemos”, dice Coquimarola, y tiene esperanza, porque en el proyecto de la Autovía que pasará por aquel sitio, está contemplada la marcación de ese punto de la historia musical de Corrientes, para que ya no pase inadvertido.

¿POR QUÉ KILÓMETRO 11?

Porque así lo quiso el azar, el destino, algún guiño escondido en el camino. No se sabe con certeza, pero lo que sí se sabe es que existen diferentes versiones al respecto o, más bien, variaciones sobre un mismo tema. "Coquimarola" cuenta que por aquel tiempo, “mi papá no tenía ni bicicleta”. Entonces otra madeja de la historia de "Kilómetro 11", comienza a desenredarse.

“Mi padre era hijo de un inmigrante italiano. Mi abuelo se llamaba Felipe Cocomarola. Nosotros buscamos en los archivos para saber cuál fue nuestro origen, referencias de nuestro apellido. Y no hay. Nos dijeron que, posiblemente, hayan puesto ese apellido cuando entraron al país. Mi papá decía…no sé si en chiste…que mi abuelo era de Capri y en esa isla hay ‘coco’, ‘mar’ y ‘ola’…-el músico se ríe y le brillan los ojos-. No sé si mi padre lo decía en serio, pero decía que de ahí venía el apellido Cocomarola -y esta vez sonríe con nostalgia”.

Felipe Cocomarola, el papá del “Taita”, era agricultor, “tenía un pequeño emprendimiento con mi abuela, doña María Aquino, una señora de San Luis del Palmar -otro pueblo de Corrientes, a 24 km de la capital provincial-. Mi abuelo falleció muy joven. Pero antes, a veces venían hacia Corrientes capital, era todo camino de tierra y mi abuelo tenía una carreta de cuatro ruedas”, cuenta "Coquimarola". Y fue esa carreta de ruedas grandes, la misma que transportaba a toda la familia de Felipe Cocomarola, la que se averió en el camino de tierra, actual Ruta Nacional 12; pero que en aquel tiempo no era tal, puesto que no fue hasta septiembre de 1935, que Vialidad Nacional dio a conocer su primer esquema de numeración de rutas nacionales. Además, la Ruta Nacional 12 tenía por entonces un recorrido distinto al actual en Corrientes -también en Buenos Aires y Entre Ríos-. En 1969 se inauguró la carretera "John Fitzgerald Kennedy" -denominada así la Ruta Nacional 12 en este tramo- entre Itatí, Corrientes, y el límite con la provincia de Misiones. Para ese año, "Kilómetro 11" ya era muy conocido.

De modo que cuando don Tránsito tenía alrededor de 13 años y viajaba en carreta desde San Cosme con toda su familia hacia la capital correntina, probablemente, el eje de alguna de las ruedas de esa carreta se averió. Allí, a un costado del camino, tal vez, su padre Felipe le pidió que tocara algo para matar el tiempo mientras se disponía al arreglo. Así, en el silencio de la tarde imprecisa de un año incierto, un niño casi adolescente daba forma a los primeros acordes de lo que se convertiría en el himno del chamamé. “Era una carreta grande donde venía toda la familia. Mi papá decía que empezó a elaborar "Kilómetro 11" en ese momento, a la tardecita, mientras esperaban que arreglaran la carreta”, narra "Coquimarola".

Y el nombre de "Kilómetro 11" ni siquiera puede pensarse que se deba a algún cartelito con esa referencia, el hijo del “Taita” cree, más bien, que “alguien pudo haber dicho que faltaban once kilómetros para llegar a la capital -de Corrientes-, quién sabe…”.

TOCAR UN DOS HILERAS

“Mi padre empezó a tocar porque mi abuelo hacía ladrillos en su pequeño establecimiento agropecuario, y antes no se usaban máquinas ni otras cosas para ablandar el barro, entonces lo hacía la gente. O sea, se hacían pisaderos donde la gente iba y pisaba. Había cuatro o cinco personas que ablandaban el barro, lo hacían a la noche por el intenso calor del día. Entonces mi abuelo tenía una pequeña acordeoncita y con él le entretenía a su gente trabajando en la noche. A su vez, cuando mi abuelo se cansaba, le decía a mi viejo que hiciera algo, que hiciera ruido, que abriera y cerrara el acordeón…así empezó la historia de papá con la música. Con un acordeón primero, después con bandoneón. A los diez, once años ya interpretaba música”, repasa "Coquimarola", los primeros encuentros de su padre con el instrumento que no volvería a separarse de él.

UNA LETRA DE AMOR PARA UN "KILÓMETRO 11"

Con los años, Cocomarola le dio a Constante Aguer (1918-2010) la música nacida a la orilla de una ruta para que le pusiera una letra. Aguer era porteño, fue poeta, cantor, guitarrista, escritor y periodista. Amaba el guaraní y muchas de sus obras fueron publicaciones bilingües.

El propio Aguer ha contado que alrededor del año 1940, Tránsito Cocomarola tomaba lecciones de música con el maestro Giannantonio en la ciudad de Buenos Aires -Cocomarola ya se había radicado allí-, en tanto, Aguer, lo hacía de solfeo cantado. Ambos se preparaban para dar examen en SADAIC. En esa ocasión, Cocomarola le dio dos composiciones suyas: "Belleza correntina" y "Kilómetro 11" para que le pusiera letra. Sin ninguna otra referencia, el poeta recibió las piezas musicales y pensó que "Kilómetro 11" tendría algo que ver con algún amor surgido en esas tierras, para él, desconocidas, de modo que Constante Aguer imaginó una letra romántica para un "Kilómetro 11" que, en realidad, quién sabe si existió como tal.

UNA POLCA CORRENTINA QUE ES UN CHAMAMÉ

Otro dato es el modo en que "Kilómetro 11" fue registrado. Este tema, si bien por el peso del éxito mundial y por las infinitas versiones que se han hecho, todos saben que se trata de un chamamé, no siempre fue así. Está registrado como Polca Correntina. ¿Qué pasó?, nos lo dice "Coquimarola": 

“En la época en que papá empezó a trabajar venía Samuel Aguayo (1909-1993), un músico muy famoso de Paraguay, él estaba radicado en la Argentina y tocaba música paraguaya. Ellos tocaban con clarinete, con batería, con trompeta, con violines, con bajo, en fin, era una orquesta, pero en un momento tocaban algún motivo popular de acá, como "El Carau", "La Llorona"…había tres o cuatro temas que salían de Corrientes, entonces la gente pedía: ‘Don Samuel, ¿puede tocar "El Carau"?’ -por dar un ejemplo-”. Entonces él decía que sí, pero que también iban a hacer ‘una polca estilo chamamé’, porque decir chamamé, en esa época, era una cosa despectiva. Por eso, para mi manera de ver y escuchar, fue que a "Kilómetro 11" le pusieron polca chamamé…aunque también en esto hay varias versiones, por eso cuando lo van a registrar lo hacen como polca correntina, quedó así, pero es chamamé”.

El tiempo se va cerrando y se apaga el grabador; pero antes de despedirnos, el músico "Coquimarola" nos dice, sin evitar la emoción, que cuando siente "Kilómetro 11" piensa que le hubiera gustado que su padre viviera “un poquito más, para que él pudiera ver la repercusión y las cosas lindas, todo lo que pasó a través de ese tema por la vida”. "Coquimarola", emocionado, todavía se sorprende por aquel lejano chamamé que compusiera su padre: “¡Cómo se agrandó el "Kilómetro 11"!”, exclama, y la sensibilidad, se nota, se le arruga en el pecho: “Me hubiera gustado que él vea cuando se hacen los festivales, todas las veces que se toca "Kilómetro 11". En distintas partes del país, donde se hace una chamameceada, se despiden con el "Kilómetro 11"… eso me hubiera gustado que él pudiera sentirlo”. Lo dice, y la mirada, se le va como el Paraná, detrás del recuerdo.

Fragmento de la entrevista a Mario del Tránsito Cocomarola (hijo):


Chamamé "Kilómetro 11" (de la película "Argentinísima", 1972)





"Trío Cocomarola": José Cejas, Tránsito Cocomarola y Nieves Esquivel (Rodríguez).


lunes, 13 de agosto de 2018

Historiando cantares - El tero

EL TERO

Prof. Roberto Gutiérrez Miglio

Blas Martínez Riera tenía una abuela postiza que vivía en la localidad de San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires, a quien llamaba cariñosamente "Abuela Kelí". Era muy común, que en los días de semana, cuando "Blasito" terminaba de trabajar, se fuera a San Fernando a visitar a su "Abuela Kelí".

Corría el año 1962 y Blas Martínez Riera ya era bandoneonista del "Cuarteto Santa Ana" desde hacía dos años, cuando un día lo invitó a Ernesto Montiel a visitar a su abuela postiza. Entonces, Ernesto Montiel lo pasó a buscar a "Blasito" por su casa con su Chevrolet Impala verde, y juntos en el auto partieron hacia San Fernanda. Mientras manejaba Ernesto Montiel iba conversando con "Blasito" sobre aspectos del cuarteto que integraban, y de la música, ya que venían componiendo una polca correntina en común. En el marco de la conversación, cuando ya estaban acercándose a San Fernando, Ernesto Montiel le preguntó a "Blasito" si ya estaba terminado el tema instrumental que estaban componiendo, a lo cual "Blasito" le contestó afirmativamente. Ernesto Montiel, entonces, le preguntó si ya le había puesto nombre a la obra, a lo cual "Blasito" le dijo que todavía no le había puesto nombre.

En ese momento, cuando ya estaban en las cercanías de San Fernando, pasaron con el auto por una zona descampada, de la cual salió levantando vuelo una bandanda de teros gritando y dando vueltas por ese campo haciendo gran alboroto. Fue en ese momento justo cuando Ernesto Montiel le estaba preguntando a "Blasito" por el nombre del tema, y fue cuando "Blasito" le dijo que todavía no lo tenía. Entonces Ernesto Montiel, señalándole la bandada de teros volando y gritando le dijo: "Ahí tenés el nombre. El tero".

Y así quedó el nombre de "El tero" a la polca correntina que terminaban de componer.

Luego visitaron a la "Abuela Kelí", y regresaron a sus respectivas casas. Cuando volvieron a encontrarse, terminaron de ultimar los detalles de la nueva obra compuesta, de acuerdo al nombre que la habían asignado, componiendo la parte musical onomatopéyica que reproduce el grito del tero, y dotándola de distintos momentos en relación a su temática, logrando darle de esa manera un contenido melódico muy especial. Tan especial que, pese a que la línea melódica de la obra fue concebida antes que su título, en el devenir de la misma los autores contemplaron en sus matices, además del reiterado grito del tero, pasajes que describen la bandada sobrevolando el lugar, para luego entrar en un clima de tranquilidad, que luego muta nuevamente por el vuelo de la bandada y otra vez en el alboroto que producen al volar los teros emitiendo sus gritos característicos.

Poco tiempo después el "Cuarteto Santa Ana", con el bandoneón de Blas Martínez Riera en sus filas, llevó "El tero" al disco el día 31 de julio de 1962 (Ernesto Montiel en acordeón, Blas Martínez Riera en bandoneón, "Cacho" Saucedo en 1ra voz y guitarra, y Lucas Falcón en 2da voz y guitarra). Nota: el mismo día se grabó el chamamé "Tu carta" (Armando Nelli - Tránsito Cocomarola) con el dúo de voces integrado por "Cacho" Saucedo y Lucas Falcón. Estos temas se incluyeron en el disco compilado editado en el año 1964 por el sello Odeón titulado "Estampas correntinas - Vol. 4" del Cuarteto "Santa Ana" dirigido por Ernesto Montiel.

Tapa del disco compilado en el que apareció la primera versión de "El tero" interpretado por Ernesto Montiel y su Cuarteto "Santa Ana" y con el bandoneón de Blas Martínez Riera (año 1964).

Luego, grabó una segunda versión de "El tero" en el año 1974 (álbum "Entre mate y rancho", LP sello Polydor N° 2387075-5482, año 1974, Ernesto Montiel en acordeón, Lidio Reyes en bandoneón, "Cacho" Saucedo en voz solista, 1ra voz y guitarra, y Juan Galarza en 2da voz y guitarra) cuando ya Blas Martínez Riera no estaba más en el cuarteto y tenía su propio conjunto.

Tapa del disco en el que apareció la segunda versión de "El tero" interpretado por Ernesto Montiel y su Cuarteto "Santa Ana", ya sin el bandoneón de Blas Martínez Riera (año 1974).

Pero, no obstante, cuando Blas Martínez Riera tuvo su propio conjunto, llevó al disco "El tero" en tres oportunidades, pero adicionándole una glosa que se utilizó en las dos primeras grabaciones del tema, la primera de ellas en el año 1967 (álbum "Chamamés de Oro", LP Sello Asunción N° A-5011) y la segunda el 27 de junio de 1972 con recitado de Ramón Cavia (álbum "El tero", Blas Martínez Riera en bandoneón, "Tilo" Escobar en acordeón, "Cacho" Saucedo, Ramón Cavia y Ramón Roberto Galarza en guitarra y canto). En la última de ellas, la tercera versión, se cambió el recitado, que estuvo a cargo de "Blasito", tuvo una glosa diferente (álbum "Recordando a Montiel", año 1979, Blas Martínez Riera en bandoneón, "Tilo" Escobar en acordeón, Juan Manuel Galarza y Ramón Roberto Galarza en guitarras y canto). Ernesto Montiel, en cambio, realizó las dos grabaciones de "El tero" sin ninguna glosa.

Tapa del primer disco de "Blasito" como solista y en el que apareció su primera versión de "El tero" (año 1967).

EL TERO (polca correntina)

Música: Blas Martínez Riera y Ernesto Montiel

Alerta estás en el campo
vigilando las lagunas,
ya que el estero es tu cuna,
tus alas cual suave manto,
despertando con tu canto
en las bellas madrugadas,
sacándole del letargo
al boyero y su manada.

Grabado por Blas Martínez Riera y su conjunto del Litoral Argentino, con recitado de Ramón Cavia, el 27 de junio de 1972.

Tapa del disco de "Blasito" y su conjunto en el que apareció su segunda versión de "El tero" (año 1972).

EL TERO (polca correntina)

Música: Blas Martínez Riera y Ernesto Montiel

Elegante y copetón,
de paso lento y seguro,
madrugador sin apuro,
se siente dueño y señor.
Es criollo de corazón,
con su grito...teru...teru...
se pinta de cuerpo entero
cuando cruza el albardón.

Grabado por Blas Martínez Riera y su conjunto, con recitado de "Blasito", el 20 de julio de 1979.


Tapa del disco de "Blasito" y su conjunto en donde apareció la tercera versión de "El tero" (año 1979).



"El tero" (polca correntina) (Blas Martínez Riera - Ernesto Montiel). Sábado 7 de septiembre de 1985. Primera Fiesta Nacional del Chamamé. Club Juventus, Corrientes Capital. "Blasito": bandoneón, glosas y dirección. "Tilo" Escobar: acordeón. Roberto Ramón Galarza: guitarra. Juan Manuel Galarza: guitarra. Juan Manuel Silveyra: segundo bandoneón.


Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2014. Ernesto Montiel y su Cuarteto Santa Ana, "El Señor del Acordeón", y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní, Buenos Aires. 399 p.