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jueves, 23 de julio de 2009

Historiando cantares - Arnulfo "Tito" Bompland, el gaucho libreño

Hola a todos.
El amigo Dardo Montiel de los pagos de Paso de Los Libres realizó, como parte de su formación docente, un trabajo académico sobre los gauchos correntinos. Aquí damos a conocer una parte de este trabajo el cual trata sobre la biografía del famoso gaucho "Tito" Bompland, la historia de su Estancia "Luján", su relación con la Revolución del año 1933 y su amistad con Ernesto Montiel.
Muchas gracias Dardo!
yamandu_40@hotmail.com
Hasta la próxima.
Pablo


De izquierda a derecha: "Tito" Bompland, "Coco" Bompland (sobrino de "Tito") y Ernesto Montiel.

Arnulfo “Tito” Bompland - El gaucho libreño


Por Dardo Edgar Montiel


Arnulfo Amado Bompland nació el 14 de abril de 1911 y falleció en el año 1989. Hijo de Amado Bompland Ramírez (hijo de Aimé Bompland) y Serviliana Reguera (hija del coronel Reguera). Hereda de parte de sus padres la Estancia “Luján”.

Desde chico y en épocas de mocedades estuvo íntimamente relacionado con las actividades rurales. También desarrolló una muy especial interelación con su gente y su medio, que configuraron su famoso y muy conocido modo de ser tan particular que lo signó por toda su vida.

Su primera esposa fue Mabel Sofía Molas, su segunda esposa Luisa Georgina López. Sus hijos son Raúl Amado Bompland Molas (casado con Teresa Retamar) y Mabel Lilia Bompland Molas (casada con Gerónimo Justo Barés).

Desde muy joven fue una persona extrovertida de comunicarse muy fácilmente con las personas, sobre todo con las de su entorno inmediato como familiares, amigos, correligionarios y hasta su mismo personal dependiente de su estancia. Se dice que hasta compartía su mesa familiar con sus dependientes inmediatos, cosa muy rara y extraña para la época.

Podríamos decir que a su modo, fue un filántropo de su época. Comentan sus allegados, amigos y correligionarios que en la Estancia “Luján”, permanentemente estaba la habitación de huéspedes en condiciones de ser ocupada, o como en la mayoría de los casos, ocupada por eventuales visitantes.



Fiesta en la "Estancia Luján". Fotografía tomada en la década del '40.



Otra característica era la permanente encierra de consumos lanares, llámese corderos, borregos o capones, dependiendo de la época del año. Todo ello dispuestos para la gastronomía del momento. No sólo en cuanto a atención de los visitantes, sino también para quien lo necesitara. En esta última categoría entran no sólo situaciones familiares angustiosas de necesidades de primer orden, que involucraban a paisanos pobres o de mal pasar, sino que también eventuales agasajos que incluyen desde cumpleaños, hasta las fiestas de fin de año. Esta situación recobra su máximo esplendor para los famosos aniversarios de la revolución de 1933, todos los 29 de diciembre. Tito Bompland tenía sus afectos tanto en Paso de los Libres, como en la localidad de Bompland, lugar al que concurría a encontrarse con sus correligionarios y amigos a disfrutar de asados, fiestas y juegos de naipes.

En Paso de los Libres tenía su casa por calle Colón, entre las actuales Yatay y Los Ciento Ocho, destacándose por sus amplias cocheras, que como siempre, estaban destinadas, además de su uso, a dar cobijo a las personas de su entorno.

El hecho que hace trascender a Tito es su participación en la revolución radical de 1933, junto a otras personalidades políticas locales, y de otros lugares del país, como el coronel Roberto Bosch, Gregorio Pomar, Mariano y Marianito Madariaga, Tito Rodríguez, Pío Larocca, Tuco Giorgio, la familia Sánchez, entre otros destacados políticos radicales.



Los Revolucionarios del '33.

"Tito" Bompland es el joven de saco claro (extremo derecho). El "viejito" pitando (sombrero oscuro) es Mariano Madariaga, sobrino del fundador de Paso de Los Libres. Fotografía tomada entre los años 1930 y 1933.



Si bien la revolución en sí merece un capítulo aparte, Tito participó desde el comienzo con la formación y adiestramiento del grupo en Brasil, en la estancia de Rodríguez. Actualmente el dueño heredero es su ahijado. También estuvo en el campamento en Santa Ana donde cae el marinero Martín Leva y finalmente participa en el combate de San Joaquín entre los revolucionarios y el Regimiento 11 de Caballería.

Según Bernardina Cresseri, Tito era el abanderado de la formación. Tengamos presente que era un hombre joven, con 22 años. Del encontronazo con las fuerzas leales, huye por un zanjón, dejando detrás de sí su facón clavado en un tacurú con su casco. El mismo sirvió de engaño para sus perseguidores, quienes después de largo rato de tirar, hicieron impacto en dicho casco. Este casco (con los impactos) estuvo guardado en un depósito en la Estancia “Luján”. Con el tiempo se perdió y se desconoce su paradero. También se desconoce el paradero del facón en cuestión.

La mayor trascendencia es posterior al conflicto, ya que 10 años después retorna del exilio el coronel Roberto Bosch, y a partir de esa fecha se conmemora por mucho tiempo la Batalla de San Joaquín. Se construye un monolito en el lugar del hecho en memoria de los caídos en combate. También se les da sepultura en el lugar a los mismos.



"Tito" Bompland (extremo derecho, de traje oscuro) y el coronel Roberto Bosch (detrás). Fotografía tomada en la década del '40.



Es en la Estancia “Luján” donde todos los 29 de diciembre, desde 1943 y hasta aproximadamente 1966 (muerte de Bosch), que se realizan estos monumentales festejos. Y es justamente en está década la mayor afluencia de gente de todo el país que se congregaba en Luján.

Uno de los vínculos de trascendencia en su vida personal, fue su relación con Ernesto Montiel quien le dedica una de las obras musicales de mayor trascendencia dentro del cancionero popular correntino. Esto es digno de destacar, porque todos los encuestados para esta obra destacan: “Si querés conocer a Tito Bompland, escuchá el chamamé de Ernesto Montiel. Es el fiel reflejo que lo fuera en vida el famoso gaucho”. Es la acuarela musical que identifica en toda su magnitud al gaucho libreño, y en su persona, a la mayoría de todos los correntinos. Tantos de la época, como la de los que actualmente conservan sus tradiciones intactas.

La relación con Ernesto Montiel, tiene unos comienzos pocos afortunados, según don “Pantita” Vignoles. El chamamecero era famoso por armar alborotos en las fiestas y reuniones de la zona. Hay incluso una muerte que lo involucra indirectamente, pero que nada tiene que ver, o por lo menos fuera comparable con Tito Bompland en este caso específico.

En una oportunidad se realiza un baile en Bompland al que concurre Ernesto y como de costumbre, comienza una revuelta. Tito para ésto fue nombrado comisario y estaba en el lugar. Para calmar al revoltoso acude a un método muy común en la época y le confiere un par de cachetazos, hasta que logra dominarlo, y el incidente no pasa a mayores. Como consecuencia de ellos, Ernesto decide viajar a Buenos Aires. Hay otra versión, que no descarto, que indica que se fue por el incidente mencionado anteriormente donde se involucra con una muerte.

En una oportunidad Tito viaja a la gran metrópolis para visitar a su amigo el Coronel Bosch, en la estación de Constitución se encuentra con Ernesto, quien lo saluda muy amablemente y lo invita a compartir juntos algunos momentos durante su estadía.

Tito acepta ser llevado a lo del Coronel, pero en forma desconfiada se negaba a aceptar una invitación del chamamecero por temor a una venganza por lo sucedido en Bompland. Pero finalmente decide acompañar al músico. Éste lo lleva a recorrer los distintos lugares de la época y le transmite que gracias a él, logró triunfar en Buenos Aires con la música, ya que fue quien lo “corrió” literalmente de Corrientes.

Lo que para Tito fue un viaje de tres días, se transformó en una semana. Desde dicho momento surge una gran amistad que se mantiene y perdura hasta la muerte del chamamecero.

Tito compra la famosa chacra “Madariaga”, perteneciente a la familia del fundador de Paso de los Libres, lugar donde también se realizaban las famosas y conocidas comilonas. Hecho que continúa incluso con su hijo Raúl Bompland, hasta que finalmente dicha chacra es vendida.

Son famosas las visitas sorpresas de Ernesto y grupo de amigos, a los que incluímos a don “Pantita” Vignoles a la Estancia “Luján” y extender la misma por varias jornadas.

Se cuentan anécdotas divertidas con su personal, a quienes desafiaba a correr carreras cuadreras, por dinero “arreglando” con el jockey para que tire atrás al caballo contrario. Tal es lo sucedido con el padre de Joaquín Villalva en varias oportunidades (empleado de Tito) donde según don Joaquín, después de cobrar la apuesta le devolvía nuevamente el dinero.

También como muestra de su generosidad y espíritu de colaboración, el regimiento contó con parte del plantel que equinos, que fueran donados por el gaucho libreño.

El primer caballo que usó el cartero don Ambrosio “Tata” Figueredo para repartir las cartas en nuestra ciudad se llamaba “El Perico” y fue obsequiado para dicho fin por Tito Bompland.

Al ser una persona carismática y muy querida, el mismo era defendido en cualquier circunstancia por sus seguidores y afectos. Tal es el caso de un señor de apellido Tosolini que enfrentó a los hermanos Ragio en defensa de Tito (sin estar éste presente) en una pista de carreras muy famosa que estaba ubicada en el actual Carmelo, porque aparentemente dichos hermanos habían tenido un problema personal con el mismo.

Son infinitas las anécdotas que comprometen a Tito Bompland relacionándolo con acciones de bien, en beneficio de su entorno. Su hija Mabel hacía referencia que las muñecas de regalo, quedaban poco tiempo en su poder, porque nuevamente eran regaladas en segunda instancia para otras niñas hijas de su personal.

La mayoría de los amigos y seguidores de gaucho libreño, coinciden en afirmar lo solo que se fue de este mundo. Olvidado, sobre todo y principalmente, por su Partido Radical al que tanto se dedicó y dio su vida en sus épocas de esplendor.

Es válido redestacar su significancia en Corrientes, porque en su persona se reflejan muchos gauchos correntinos, primero por el chamamé de Ernesto Montiel y segundo por el caudillo que fue, por su carisma, por el modo de representar a su gente, por conducirlo, por la sensibilidad de comprensión, por identificarse con lo local, en contraposición a lo foráneo. Finalmente fue un hombre que vivió su propia prédica. Hizo de su identidad un modo de ser que se relacionó con su lugar y época histórica que le tocó vivir.


Texto y fotografías de Dardo Montiel.


Fuente:

Montiel, D.E. 2005. “Los Gauchos Populares Correntinos”. Seminario de Historia. Profesorado de Tercer Ciclo de la Educación General Básica y de la Educación Polimodal en Historia. Instituto de Formación Docente “Profesor Agustín Gómez”, Paso de Los Libres, Corrientes. 46 p.



TITO BOMPLAND (chamamé)


Letra: Heraclio Pérez

Música: Ernesto Montiel


"No se han de morir jamás

las yerras ni las pialadas,

ni las famosas domadas,

ni el grito del correntino

porque es lo más genuino

que se ha escrito en nuestra historia,

y ha de vivir para gloria

de nuestro suelo argentino".


Departamento de Libres,

allá en la “Estancia Luján”

el gaucho Tito Bompland

junto a su fiel peonada

matea en la madrugada,

mientras se orea el churrasco

y de mano en mano el frasco

entre refrán y humorada.


Gaucho sencillo y formal,

hecho de una sola pieza,

defensor de la grandeza

que encierra la tradición.

Poncho e’ vicuña y facón,

sombrero aludo y barbijo,

viste el paisano prolijo

que he nombrado en mi canción.


Conocido en la comarca,

como gaucho servicial,

no hay otro paisano igual,

tal vez en todo Corrientes.

Y antes de que es valiente,

tiene de oro el corazón

y en su avá ñeé dulzón

cautiva a toda la gente.

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