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viernes, 21 de septiembre de 2018

Historiando cantares - Allá por Yahaverê

Hola amigos del blog.
En julio del año 1980 "Los de Imaguaré" graban su tercer disco titulado "Chamamecero" con la siguiente conformación: Julio Cáceres (recitados y canto), "Pocholo" Airé (guitarra), Ricardo "Tito" Gómez (bajo y canto) y Joaquín "Gringo" Sheridan (bandoneón y acordeón). Uno de los temas de este disco, y al cual haremos referencia, fue un hermoso chamamé fruto de la inspiración de "Tito" y que él mismo con su guitarra le dio la primera forma, para luego, en compañía con el bandoneón del "Gringo", naciera "Allá por Yahaverê". Si bien la historia tiene ribetes picarescos, guarda un trasfondo melodramático debido a un encuentro muy fugaz donde nada llegó a concretarse, dejando al "pobre" "Tito" nada más que con los recuerdos de los ojos y labios de aquella guainita...
Pablo


Por Ricardo "Tito" Gómez

Corría el año 1979 y nosotros ("Los de Imaguaré") vivíamos en Buenos Aires. Me refiero a los integrantes originales del grupo citado, a saber: Joaquín “Gringo” Sheridan, Julio Cáceres, Carlos Núñez y yo. En verano de ese año, en ocasión de una visita a Mercedes (Corrientes de todos nosotros, Julián Zini nos invitó a hacer una visita al Complejo de la Laguna del Iberá, entonces sólo poblada por los estereños (LOS LEGÍTIMOS DUEÑOS DE LA TIERRA) porque él quería llevar la Virgen de Itatí para que esa gente la conociera y nos invitaba a nosotros, porque esas familias de estereños jamás habían visto un grupo de chamamé en vivo. 

Allá fuimos entonces a conocerlos y a pasar una semana internados allí, solo que "Carlitos" Núñez no fue no sé bien por qué motivo y solo fuimos con Julián, "Gringo", Cáceres y yo. Confiado como siempre, yo entré a ese espejo de agua inmenso, en que por momentos solo se veían, cielo y agua nomás, muy livianito de ropas. Resultado de mi inconciencia, mis piernas sufrieron quemaduras de segundo grado por haber ido solamente con un short, y en cada familia que visitábamos las mujeres de la casa me ponían cremas para esas quemaduras que dolían, ¡ustedes no saben cómo! 

Una vez cumplidos nuestros objetivos al visitar a casi todas las familias del Paraje Yahaverê, como al otro día regresábamos, resolvimos hacer un gran baile en la casa de uno de ellos e invitar a todas las familias que habíamos visitado…

Pregunté a nuestro guía, don "Cambicho" Barbona, si vendrían guainas y me dijo… "Claro pues chamigo…El paraje tiene muchas de ellas y son hermosas". Entonces, ante esa afirmación y aprovechando que "Gringo", Julio y Julián fueron en una jardinera a invitar a las familias del paraje, yo, con intenciones non sanctas, me las ingenié para desarmar la carpa que habíamos armado entre los cuatro y la saqué del frente de la casa y la llevé detrás de la casa y la re- armé, pero esta vez, entre las cañas de un cañaveral que estaba allí.

Mientras arribaban las familias al atardecer, ya me di cuenta que "Cambicho" había hablado con razón…Iporáma las guainas chamigo! Mientras una guaina, de esa casa donde sería más tarde el baile, nos cebaba mates con tortas fritas que ella misma había amasado para agasajarnos, nos pusimos de acuerdo entre los músicos y dijimos: "mientras 'Tito' acompaña a "Gringo" con su fuelle, yo bailo" -dijo Julio. Y yo respondí: "...claro, pero después vos venís a acompañarlo para que yo pueda bailar, 'tá?" 

Así fue que comenzó el baile y yo ya estaba enamorado de una guainita de ojos de miel y sonrisa de aurora que me miraba insistentemente y que no pasaba de 18 años. Debo aclarar que en ese entonces yo tenía 28 años y todo el don de mujeriego encima. Cuando bailaba Julio, yo tocaba la guitarra y la miraba, y después, cuando me tocaba a mí el baile, salía a bailar con ella, pues con un tácito respeto por el dueño de sus miradas, en esa noche ella no bailó con nadie más que conmigo. En un momento en que no me daba cuenta, porque bailábamos los dos con la luz del sol de noche, que detrás de cada brasita encendida de los cigarros en la ronda que nos cercaba, había un hombre mirándonos, le dije a mi amor de una sola noche: "tengo una carpa allá atrás… ¿Vamos?". Ella me dijo … "Vamos". Entonces, tomándola del brazo encaré para la carpa. Allí entramos y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el cura, sentado en el medio de la carpa, me decía socarronamente..."Hola Tito! Cómo estás?" Ahhh!!! jajajajaja. En esa noche fue muy poca la gracia que me hizo eh? Julián me conocía muy bien, y ya cuando no vio la carpa frente a la casa se imaginó al toque que me traía entre manos. Regresamos a la pista con mi guainita y allí un guitarrero de la zona que ejecutaba con maestría punteados al estilo campero le pidió a "Gringo" que deje el bandoneón y dijo con esa comprensión callada de nuestros paisanos, voy a tocar "El jilguero", un clásico chamamé correntino, para que baile "El músico" notando que "Gringo" no había bailado en toda la noche…Qué generosa es nuestra gente! Así fue, que aunque sea una música, también el "Gringo" Sheridan pudo bailar esa noche. 

Terminaba el baile y mientras todos se despedían mi guainita me tomó de la mano y llevándome donde no había nadie, me besó largamente mientras decía con un suspiro y con una expresión muy usada en Corrientes… "Ohhh, destino en poder ajeno", consciente de que nuestras vidas, jamás volverían a cruzarse ya que yo no volvería jamás a aquel paraje donde conocí sus besos y ella no iría a Mercedes, incomunicados para siempre, ya a partir de esa misma noche porque en ese tiempo no existía Internet, celulares, WhatsApp, ni mbaé añá. 

Al otro día, ya en la canoa de don "Cambicho" que nos llevaba de regreso, yo tomé mi guitarra con toda la nostalgia de lo vivido en esa noche anterior y sugería una melodía con ella, y "Gringo" tomó su fuelle y le dimos la primera idea a esa canción de los dos. Julio entonces tomó lápiz y papel y poetizó las glosas del comienzo que, en forma breve, pintaba lo ocurrido un rato antes, con mucha poesía, ya que a la exclamación de mi compañerita de baile al besarnos de… "Ohh destino en poder ajeno" le dio la belleza de la poesía en la parte que él mismo recita en la grabación de esa canción con estas rimas: "La luna cerró los ojos y en silencio te besé, qué corto el tiempo dijiste y qué grande mi querer!" 

Esto les digo para los músicos que sabrán diferenciar muy bien la parte de tonalidad mayor, indudablemente con el estilo de "Gringo" y la parte en que la tonalidad se convierte a menor, con el tratamiento armónico de la sucesión de acordes y la melodía no muy frecuente para aquellos tiempos, compuesta por mí…

Los que tocamos en esa grabación en este tema, fuimos "Pocholo" Airé, "Gringo" Sheridan y yo. Les dejo abajo el vídeo con la canción…Espero que hayan disfrutado con el relato de cómo nació esa bella canción de amor, sin letra pero con una melodía tan enamorada que toca nuestros corazones, ayé compañeritos músicos?

jueves, 16 de agosto de 2018

Crónicas - Kilómetro 11, el sitio incierto del nacimiento de un himno

Hola amigos.
La siguiente crónica fue extraída de "El Faro", revista digital federal del Programa de Cultura del Consejo Federal de Inversiones (CFI) (http://revista.cultura.cfi.org.ar), la cual se publicó el 18 de abril de 2018.
Mario del Tránsito Cocomarola -"Coquimarola"- accedió a un reportaje en la ciudad de Corrientes y cuenta los pormenores de la historia sobre la obra cumbre de su padre, "Kilómetro 11".
Hasta la próxima.
Pablo


Texto: María Laura Riba (escritora y periodista)

Fotos y videos: Diego Cerretti

Fotos históricas: gentileza de Pedro Zubieta

Don Mario del Tránsito Cocomarola supo hacer magia con la música en un lugar incierto, donde el azar se junta con caminos de tierra y un pasado no escrito. En Corrientes hay un himno que se canta en español y en guaraní, un himno cuya bandera es el chamamé. "Kilómetro 11" suena, y no hay quien se quede en su asiento ni garganta que no pegue un sapukay.

En agosto se cumplen 100 años del nacimiento de don Tránsito Cocomarola, quien nació en San Cosme, un pueblo de Corrientes distante a 32 km de la capital provincial. Allí, en ese pueblo, el “Taita” del chamamé, movió sus dedos niños, por primera vez, en un acordeón dos hileras de su padre italiano, Felipe Cocomarola.

Este hombre que dio a la música del litoral cientos de obras que trascendieron todas las fronteras, y ofrendó a Corrientes el himno chamamecero "Kilómetro 11", se fue joven, a los 56 años, en 1974, y nos dejó preguntas que hoy nos hacemos sobre este tema. No hay ninguna referencia al respecto del propio Cocomarola; sin embargo, existen las palabras, aquellas que fueron transmitidas a su descendencia. Así, "El Faro" contactó a uno de los hijos del “Taita”, el músico chamamecero del mismo nombre que su padre, Mario del Tránsito Cocomarola; pero conocido por todos como "Coquimarola", quien guarda en su sentimiento más profundo, la huella de su padre, la cadencia al recordar lo que él, alguna vez, le contó.

"Coquimarola" recibió a "El Faro" en un amplio salón de SADAIC, en Corrientes Capital, lugar de donde es presidente de la Junta Consultiva. Fue un día de calor y sol intensos, en el otoño al lado del Paraná, un mediodía donde el “Taita” se hizo presente en la conversación amena.

“El kilómetro 11 del chamamé está ubicado en la zona del primer control que está después del aeropuerto… está el de la entrada a Santa Ana, el otro que va al Perichón y el que va a Paso de la Patria… ahí hay un control… mi papá compuso este chamamé un poquito más adelante de ese control. Ahí, verdaderamente, mi padre compuso Km 11”, comienza diciendo "Coquimarola". 

Uno comprende entonces que aquel lugar no señalizado, ahora ruta asfaltada, aquel punto que uno debe imaginar y que pronto pasará a formar parte de la Autovía próxima a construirse, ese sitio del que habla el músico, fue el escenario de tierra y polvo que bendijo las manos del “Taita”, alrededor de los trece años, para que comenzara a esbozar, a la vera del camino, los acordes del himno chamamecero. 

No hay nada allí, ni un cartel ni una cinta ni un nombre. Sobran los dedos de una mano para contar quién conoce que allí se inició la creación de "Kilómetro 11". Nada que lo indique. “Como correntinos, también nosotros, muchas veces, no nos damos cuenta de lo que tenemos”, dice Coquimarola, y tiene esperanza, porque en el proyecto de la Autovía que pasará por aquel sitio, está contemplada la marcación de ese punto de la historia musical de Corrientes, para que ya no pase inadvertido.

¿POR QUÉ KILÓMETRO 11?

Porque así lo quiso el azar, el destino, algún guiño escondido en el camino. No se sabe con certeza, pero lo que sí se sabe es que existen diferentes versiones al respecto o, más bien, variaciones sobre un mismo tema. "Coquimarola" cuenta que por aquel tiempo, “mi papá no tenía ni bicicleta”. Entonces otra madeja de la historia de "Kilómetro 11", comienza a desenredarse.

“Mi padre era hijo de un inmigrante italiano. Mi abuelo se llamaba Felipe Cocomarola. Nosotros buscamos en los archivos para saber cuál fue nuestro origen, referencias de nuestro apellido. Y no hay. Nos dijeron que, posiblemente, hayan puesto ese apellido cuando entraron al país. Mi papá decía…no sé si en chiste…que mi abuelo era de Capri y en esa isla hay ‘coco’, ‘mar’ y ‘ola’…-el músico se ríe y le brillan los ojos-. No sé si mi padre lo decía en serio, pero decía que de ahí venía el apellido Cocomarola -y esta vez sonríe con nostalgia”.

Felipe Cocomarola, el papá del “Taita”, era agricultor, “tenía un pequeño emprendimiento con mi abuela, doña María Aquino, una señora de San Luis del Palmar -otro pueblo de Corrientes, a 24 km de la capital provincial-. Mi abuelo falleció muy joven. Pero antes, a veces venían hacia Corrientes capital, era todo camino de tierra y mi abuelo tenía una carreta de cuatro ruedas”, cuenta "Coquimarola". Y fue esa carreta de ruedas grandes, la misma que transportaba a toda la familia de Felipe Cocomarola, la que se averió en el camino de tierra, actual Ruta Nacional 12; pero que en aquel tiempo no era tal, puesto que no fue hasta septiembre de 1935, que Vialidad Nacional dio a conocer su primer esquema de numeración de rutas nacionales. Además, la Ruta Nacional 12 tenía por entonces un recorrido distinto al actual en Corrientes -también en Buenos Aires y Entre Ríos-. En 1969 se inauguró la carretera "John Fitzgerald Kennedy" -denominada así la Ruta Nacional 12 en este tramo- entre Itatí, Corrientes, y el límite con la provincia de Misiones. Para ese año, "Kilómetro 11" ya era muy conocido.

De modo que cuando don Tránsito tenía alrededor de 13 años y viajaba en carreta desde San Cosme con toda su familia hacia la capital correntina, probablemente, el eje de alguna de las ruedas de esa carreta se averió. Allí, a un costado del camino, tal vez, su padre Felipe le pidió que tocara algo para matar el tiempo mientras se disponía al arreglo. Así, en el silencio de la tarde imprecisa de un año incierto, un niño casi adolescente daba forma a los primeros acordes de lo que se convertiría en el himno del chamamé. “Era una carreta grande donde venía toda la familia. Mi papá decía que empezó a elaborar "Kilómetro 11" en ese momento, a la tardecita, mientras esperaban que arreglaran la carreta”, narra "Coquimarola".

Y el nombre de "Kilómetro 11" ni siquiera puede pensarse que se deba a algún cartelito con esa referencia, el hijo del “Taita” cree, más bien, que “alguien pudo haber dicho que faltaban once kilómetros para llegar a la capital -de Corrientes-, quién sabe…”.

TOCAR UN DOS HILERAS

“Mi padre empezó a tocar porque mi abuelo hacía ladrillos en su pequeño establecimiento agropecuario, y antes no se usaban máquinas ni otras cosas para ablandar el barro, entonces lo hacía la gente. O sea, se hacían pisaderos donde la gente iba y pisaba. Había cuatro o cinco personas que ablandaban el barro, lo hacían a la noche por el intenso calor del día. Entonces mi abuelo tenía una pequeña acordeoncita y con él le entretenía a su gente trabajando en la noche. A su vez, cuando mi abuelo se cansaba, le decía a mi viejo que hiciera algo, que hiciera ruido, que abriera y cerrara el acordeón…así empezó la historia de papá con la música. Con un acordeón primero, después con bandoneón. A los diez, once años ya interpretaba música”, repasa "Coquimarola", los primeros encuentros de su padre con el instrumento que no volvería a separarse de él.

UNA LETRA DE AMOR PARA UN "KILÓMETRO 11"

Con los años, Cocomarola le dio a Constante Aguer (1918-2010) la música nacida a la orilla de una ruta para que le pusiera una letra. Aguer era porteño, fue poeta, cantor, guitarrista, escritor y periodista. Amaba el guaraní y muchas de sus obras fueron publicaciones bilingües.

El propio Aguer ha contado que alrededor del año 1940, Tránsito Cocomarola tomaba lecciones de música con el maestro Giannantonio en la ciudad de Buenos Aires -Cocomarola ya se había radicado allí-, en tanto, Aguer, lo hacía de solfeo cantado. Ambos se preparaban para dar examen en SADAIC. En esa ocasión, Cocomarola le dio dos composiciones suyas: "Belleza correntina" y "Kilómetro 11" para que le pusiera letra. Sin ninguna otra referencia, el poeta recibió las piezas musicales y pensó que "Kilómetro 11" tendría algo que ver con algún amor surgido en esas tierras, para él, desconocidas, de modo que Constante Aguer imaginó una letra romántica para un "Kilómetro 11" que, en realidad, quién sabe si existió como tal.

UNA POLCA CORRENTINA QUE ES UN CHAMAMÉ

Otro dato es el modo en que "Kilómetro 11" fue registrado. Este tema, si bien por el peso del éxito mundial y por las infinitas versiones que se han hecho, todos saben que se trata de un chamamé, no siempre fue así. Está registrado como Polca Correntina. ¿Qué pasó?, nos lo dice "Coquimarola": 

“En la época en que papá empezó a trabajar venía Samuel Aguayo (1909-1993), un músico muy famoso de Paraguay, él estaba radicado en la Argentina y tocaba música paraguaya. Ellos tocaban con clarinete, con batería, con trompeta, con violines, con bajo, en fin, era una orquesta, pero en un momento tocaban algún motivo popular de acá, como "El Carau", "La Llorona"…había tres o cuatro temas que salían de Corrientes, entonces la gente pedía: ‘Don Samuel, ¿puede tocar "El Carau"?’ -por dar un ejemplo-”. Entonces él decía que sí, pero que también iban a hacer ‘una polca estilo chamamé’, porque decir chamamé, en esa época, era una cosa despectiva. Por eso, para mi manera de ver y escuchar, fue que a "Kilómetro 11" le pusieron polca chamamé…aunque también en esto hay varias versiones, por eso cuando lo van a registrar lo hacen como polca correntina, quedó así, pero es chamamé”.

El tiempo se va cerrando y se apaga el grabador; pero antes de despedirnos, el músico "Coquimarola" nos dice, sin evitar la emoción, que cuando siente "Kilómetro 11" piensa que le hubiera gustado que su padre viviera “un poquito más, para que él pudiera ver la repercusión y las cosas lindas, todo lo que pasó a través de ese tema por la vida”. "Coquimarola", emocionado, todavía se sorprende por aquel lejano chamamé que compusiera su padre: “¡Cómo se agrandó el "Kilómetro 11"!”, exclama, y la sensibilidad, se nota, se le arruga en el pecho: “Me hubiera gustado que él vea cuando se hacen los festivales, todas las veces que se toca "Kilómetro 11". En distintas partes del país, donde se hace una chamameceada, se despiden con el "Kilómetro 11"… eso me hubiera gustado que él pudiera sentirlo”. Lo dice, y la mirada, se le va como el Paraná, detrás del recuerdo.

Fragmento de la entrevista a Mario del Tránsito Cocomarola (hijo):


Chamamé "Kilómetro 11" (de la película "Argentinísima", 1972)





"Trío Cocomarola": José Cejas, Tránsito Cocomarola y Nieves Esquivel (Rodríguez).


lunes, 13 de agosto de 2018

Historiando cantares - El tero

EL TERO

Prof. Roberto Gutiérrez Miglio

Blas Martínez Riera tenía una abuela postiza que vivía en la localidad de San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires, a quien llamaba cariñosamente "Abuela Kelí". Era muy común, que en los días de semana, cuando "Blasito" terminaba de trabajar, se fuera a San Fernando a visitar a su "Abuela Kelí".

Corría el año 1962 y Blas Martínez Riera ya era bandoneonista del "Cuarteto Santa Ana" desde hacía dos años, cuando un día lo invitó a Ernesto Montiel a visitar a su abuela postiza. Entonces, Ernesto Montiel lo pasó a buscar a "Blasito" por su casa con su Chevrolet Impala verde, y juntos en el auto partieron hacia San Fernanda. Mientras manejaba Ernesto Montiel iba conversando con "Blasito" sobre aspectos del cuarteto que integraban, y de la música, ya que venían componiendo una polca correntina en común. En el marco de la conversación, cuando ya estaban acercándose a San Fernando, Ernesto Montiel le preguntó a "Blasito" si ya estaba terminado el tema instrumental que estaban componiendo, a lo cual "Blasito" le contestó afirmativamente. Ernesto Montiel, entonces, le preguntó si ya le había puesto nombre a la obra, a lo cual "Blasito" le dijo que todavía no le había puesto nombre.

En ese momento, cuando ya estaban en las cercanías de San Fernando, pasaron con el auto por una zona descampada, de la cual salió levantando vuelo una bandanda de teros gritando y dando vueltas por ese campo haciendo gran alboroto. Fue en ese momento justo cuando Ernesto Montiel le estaba preguntando a "Blasito" por el nombre del tema, y fue cuando "Blasito" le dijo que todavía no lo tenía. Entonces Ernesto Montiel, señalándole la bandada de teros volando y gritando le dijo: "Ahí tenés el nombre. El tero".

Y así quedó el nombre de "El tero" a la polca correntina que terminaban de componer.

Luego visitaron a la "Abuela Kelí", y regresaron a sus respectivas casas. Cuando volvieron a encontrarse, terminaron de ultimar los detalles de la nueva obra compuesta, de acuerdo al nombre que la habían asignado, componiendo la parte musical onomatopéyica que reproduce el grito del tero, y dotándola de distintos momentos en relación a su temática, logrando darle de esa manera un contenido melódico muy especial. Tan especial que, pese a que la línea melódica de la obra fue concebida antes que su título, en el devenir de la misma los autores contemplaron en sus matices, además del reiterado grito del tero, pasajes que describen la bandada sobrevolando el lugar, para luego entrar en un clima de tranquilidad, que luego muta nuevamente por el vuelo de la bandada y otra vez en el alboroto que producen al volar los teros emitiendo sus gritos característicos.

Poco tiempo después el "Cuarteto Santa Ana", con el bandoneón de Blas Martínez Riera en sus filas, llevó "El tero" al disco el día 31 de julio de 1962 (Ernesto Montiel en acordeón, Blas Martínez Riera en bandoneón, "Cacho" Saucedo en 1ra voz y guitarra, y Lucas Falcón en 2da voz y guitarra). Nota: el mismo día se grabó el chamamé "Tu carta" (Armando Nelli - Tránsito Cocomarola) con el dúo de voces integrado por "Cacho" Saucedo y Lucas Falcón. Estos temas se incluyeron en el disco compilado editado en el año 1964 por el sello Odeón titulado "Estampas correntinas - Vol. 4" del Cuarteto "Santa Ana" dirigido por Ernesto Montiel.

Tapa del disco compilado en el que apareció la primera versión de "El tero" interpretado por Ernesto Montiel y su Cuarteto "Santa Ana" y con el bandoneón de Blas Martínez Riera (año 1964).

Luego, grabó una segunda versión de "El tero" en el año 1974 (álbum "Entre mate y rancho", LP sello Polydor N° 2387075-5482, año 1974, Ernesto Montiel en acordeón, Lidio Reyes en bandoneón, "Cacho" Saucedo en voz solista, 1ra voz y guitarra, y Juan Galarza en 2da voz y guitarra) cuando ya Blas Martínez Riera no estaba más en el cuarteto y tenía su propio conjunto.

Tapa del disco en el que apareció la segunda versión de "El tero" interpretado por Ernesto Montiel y su Cuarteto "Santa Ana", ya sin el bandoneón de Blas Martínez Riera (año 1974).

Pero, no obstante, cuando Blas Martínez Riera tuvo su propio conjunto, llevó al disco "El tero" en tres oportunidades, pero adicionándole una glosa que se utilizó en las dos primeras grabaciones del tema, la primera de ellas en el año 1967 (álbum "Chamamés de Oro", LP Sello Asunción N° A-5011) y la segunda el 27 de junio de 1972 con recitado de Ramón Cavia (álbum "El tero", Blas Martínez Riera en bandoneón, "Tilo" Escobar en acordeón, "Cacho" Saucedo, Ramón Cavia y Ramón Roberto Galarza en guitarra y canto). En la última de ellas, la tercera versión, se cambió el recitado, que estuvo a cargo de "Blasito", tuvo una glosa diferente (álbum "Recordando a Montiel", año 1979, Blas Martínez Riera en bandoneón, "Tilo" Escobar en acordeón, Juan Manuel Galarza y Ramón Roberto Galarza en guitarras y canto). Ernesto Montiel, en cambio, realizó las dos grabaciones de "El tero" sin ninguna glosa.

Tapa del primer disco de "Blasito" como solista y en el que apareció su primera versión de "El tero" (año 1967).

EL TERO (polca correntina)

Música: Blas Martínez Riera y Ernesto Montiel

Alerta estás en el campo
vigilando las lagunas,
ya que el estero es tu cuna,
tus alas cual suave manto,
despertando con tu canto
en las bellas madrugadas,
sacándole del letargo
al boyero y su manada.

Grabado por Blas Martínez Riera y su conjunto del Litoral Argentino, con recitado de Ramón Cavia, el 27 de junio de 1972.

Tapa del disco de "Blasito" y su conjunto en el que apareció su segunda versión de "El tero" (año 1972).

EL TERO (polca correntina)

Música: Blas Martínez Riera y Ernesto Montiel

Elegante y copetón,
de paso lento y seguro,
madrugador sin apuro,
se siente dueño y señor.
Es criollo de corazón,
con su grito...teru...teru...
se pinta de cuerpo entero
cuando cruza el albardón.

Grabado por Blas Martínez Riera y su conjunto, con recitado de "Blasito", el 20 de julio de 1979.


Tapa del disco de "Blasito" y su conjunto en donde apareció la tercera versión de "El tero" (año 1979).



"El tero" (polca correntina) (Blas Martínez Riera - Ernesto Montiel). Sábado 7 de septiembre de 1985. Primera Fiesta Nacional del Chamamé. Club Juventus, Corrientes Capital. "Blasito": bandoneón, glosas y dirección. "Tilo" Escobar: acordeón. Roberto Ramón Galarza: guitarra. Juan Manuel Galarza: guitarra. Juan Manuel Silveyra: segundo bandoneón.


Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2014. Ernesto Montiel y su Cuarteto Santa Ana, "El Señor del Acordeón", y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní, Buenos Aires. 399 p.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Historiando cantares - La dama misteriosa

LA DAMA MISTERIOSA

Prof. Roberto Gutiérrez Miglio

Hay una leyenda, que con diferentes características y matices, cuenta las apariciones de la dama vestida de blanco, las cuales tienen lugar en distintos lugares, que pueden ser tanto en puntos fijos de ciudades, como en el campo, o en los caminos, o en otros lugares y en diferentes circunstancias.

Se trata de una mujer vestida de blanco, en muchos casos con ropa de gala, y en otros casos con una especie de camisón, que a veces deslumbra, que a veces aparece con singular belleza, y a veces ni siquiera se conoce su cara. Pero su característica principal e invariable es que aparece y desaparece misteriosamente. Se considera que la dama vestida de blanco es un alma en pena.

Puede suceder que la dama vestida de blanco, en alguna parada suba a un colectivo de noche, que generalmente lleva muy pocos pasajeros, y luego de viajar un rato sentada en un asiento del fondo, desaparezca misteriosamente del colectivo, sin que el chofer sepa cómo y cuándo se bajó.

También puede suceder que en algún camino de campo, la dama vestida de blanco, le solicite a algún jinete que la lleve junto a él en las ancas de su caballo, a lo cual éste acceda, y después de algún trecho, descubra que su ocasional acompañante ha desaparecido sin enterarse de cómo ni cuándo lo ha hecho.

En las cercanías de los cementerios, la dama vestida de blanco también suele aparecer y desaparecer misteriosamente.

En tal sentido, puede aparecer en el Cementerio de Lomas de Zamora, en la zona sur del Gran Buenos Aires, donde el espectro de una mujer vestida de blanco es observada con frecuencia por los colectiveros de las líneas que por allí circulan, y que hacen su recorrido de noche, cuando toman la avenida Martín Rodríguez, donde se encuentra la entrada principal del cementerio.

También en el Cementerio Israelita de Ciudadela, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, se la ha visto merodear, sobre la avenida Marcelo T. de Alvear, de noche, y flotando en forma de nube blanca perfilándose claramente sus rasgos de mujer.

La más notoria dama vestida de blanco, de cabellos rubios en este caso, hace sus apariciones en la esquina de las calles Vicente López y Azcuénaga, en los fondos del Cementerio de la Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires, y allí seduce a los hombres que transitan por el lugar.

Conocido es el caso, que hasta fue llevado al cine, y que con ligeras variantes en distintas ciudades, cuenta la historia de una muchacho que en un baile conoce a una hermosa muchacha vestida de blanco con quien baila durante toda la noche y de la cual se enamora. Al finalizar el baile el joven se ofrece para acompañarla hasta su casa a lo que ella accede, y le presta su abrigo para que se proteja del frío. La deja en su casa y al día siguiente vuelve para verla nuevamente y lo atienden los padres de ella comunicándole, para su asombro, que su hija ha muerto hace un par de años. El joven no entra en razones, motivo por el cual los padres se ofrecen para acompañarlo hasta el cementerio para que vea la tumba de su hija  y se convenza de lo que le están diciendo. Al llegar a la tumba descubren con asombro que sobre la lápida está el abrigo que la noche anterior el joven enamorado le había prestado a la muchacha para que se abrigara a la salida del baile.

Sucesos similares, con diferentes variantes y distintos finales, cuentan algunos chamamés, que llevan letra de Jorge Codutti.

Uno de ellos, es el chamamé "La rubia desconocida", con música de Rogelio González, grabado por el conjunto "San Fernando" en el año 1994, el cual relata que en un baile que tuvo lugar el día de la Cruz en la pista de Aparicio, en el paraje "El Curundú", en pleno monte chaqueño, donde hay apariciones y sucesos desconocidos, un joven bailó con una muchacha, que había fallecido siete años atrás, y nunca más se la pudo ver. Y también, en este caso, son los padres los encargados de darle la asombrosa noticia al joven de que su hija estaba muerta desde hacía tiempo. La reflexión final de la obra es que su compañera de baile pudo haber sido el mismo Diablo transformado en mujer.

Otro de los chamamés con letra de Jorge Codutti, es "La dama misteriosa", con música de Emiliano Cardozo, el que también relata un baile realizado en este caso en un obraje con motivo de la fiesta patronal, al cual llega la dama misteriosa. Después de bailar toda la noche la mujer se retira con un joven hacia el monte, regresando luego este último al baile y contando que la mujer de convirtió en un ser espeluznante. Y en el lugar, entonces, en las noches tormentosas, se registra la aparición de la dama vestida de blanco, la cual deambula en la oscuridad de la selva.

Cuando compusieron este chamamé, Emiliano Cardozo y Jorge Codutti, estaban en la duda acerca de si grabarlo o no, porque pensaban que parecía una música de terror. No obstante probaron a ver qué pasaba, y el tema se convirtió inmediatamente en un éxito.

El chamamé "La dama misteriosa" fue grabado por "Los Hermanos Cardozo" en dos oportunidades, con el acordeonista Manuel Zbinden. La primera de ellas en el año 1983 cantando Gabriel y Emiliano Cardozo (1), y la segunda en el año 1989 cantando Mario Sandoval y Emiliano Cardozo (2).

(1) "LOS HERMANOS CARDOZO". Álbum "La vuelta de los Cardozo". LP Sello Philips N° 812744-1; N° 22005. Año 1983. Integrantes: Juan H. Benítez (bandoneón), Manuel Zbinden (acordeón), Gabriel Cardozo (1ra. voz y guitarra), Emiliano Cardozo (2da. voz y guitarra) y Porfirio Cardozo (guitarra rítmica).

(2) "LOS HERMANOS CARDOZO" (dir. Emiliano Cardozo). Álbum "Para bailar más chamamé" "Super enganchado". LP Sello Philips N° 838334-1; N° 24364. Año 1989. Integrantes: Ramón Peralta (bandoneón), Manuel Zbinden (acordeón), Juan Modesto Cardozo (acordeón), Mario Sandoval (1ra. voz y guitarra), Emiliano Cardozo (2da. voz y guitarra), Hermes Solís (guitarra), Lucas Falcón (guitarra), Marcial Moyano (guitarra), Roberto Rivero (guitarra) y Miguel Ángel Cardozo (bajo).

LA DAMA MISTERIOSA (chamamé)

Letra: Jorge Codutti
Música: Emiliano Cardozo

Cantado

Fue una fiesta patronal y hubo baile en el obraje,
en un lujoso carruaje una moza allí llegó,
con su larga cabellera, y de escultural figura,
cimbreando la cintura, en el baile se metió.

Entre la gente del pago ninguno la conocía,
y su nombre ella decía "soy Delfina Solís".
Con sonrisa y con donaire sin descanso ella bailaba,
y ya muy de madrugada de todos se despidió.

Recitado

Pero un mozo lugareño fue por ella elegido,
con rumbo desconocido el varón la acompañó.
En sus brazos estrechó a la dama misteriosa
y en la noche silenciosa monte adentro la llevó.

Cantado

Pero luego regresó derrotado y afligido,
y contó lo sucedido que a todos estremeció,
dijo que se transformó en un ser espeluznante
de pelaje tan brillante y mirada muy feroz.

Y comentan los paisanos que en las noches tormentosas
una mujer muy hermosa aparece en el lugar,
luciendo vestido blanco, deambulando por la selva
y se pierde en las tinieblas de la negra oscuridad.

Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2012. Manuel Zbinden "acordeonista del chamamé" y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní, Buenos Aires. 111 p.

sábado, 28 de julio de 2018

Historiando cantares - Siete Higueras

Isaco Abitbol (año 1941). 

SIETE HIGUERAS

Prof. Roberto Gutiérrez Miglio


El chamamé "Siete Higueras" es una de las obras compuestas por Isaco Abitbol (1917-1994) de mayor significación. Esta obra fue importante a nivel personal para su autor y lo fue y aún lo es dentro del género. Isaco Abitbol compuso "Siete Higueras" cuando solamente tenía 19 años de edad. Y pasó a ser una obra famosa, una obra grabada por una gran cantidad de músicos chamameceros, e incluso podría considerarse una obra clásico dentro del género.

La estancia "Siete Higueras" ubicada en el departamento de Alvear, Corrientes, pertenecía a don Garay, padre de María Dorila Garay, primera esposa de José Abitbol, padre de Isaco Abitbol. Cuando don Garay se enteró de que su yerno José Abitbol era judío, prejuicioso el hombre, se ocupó de que, a su fallecimiento, la estancia "Siete Higueras" no llegara a ser de su propiedad. No obstante, con el correr de los años, y ya fallecido don Garay, y fallecida también su hija María Dorila y su esposo José Abitbol, la estancia "Siete Higueras" pasó en propiedad a su hijo "Chelo", sin perjuicio de los derechos correspondientes a sus hermanos también herederos. Finalmente, a la muerte de "Chelo" Abitbol, la estancia quedó en manos del casero de la misma y de sus descendientes.


Isaco Abitbol dejó registrado musicalmente su recuerdo y sus vivencias en la estancia "Siete Higueras", en tanto que su letra recuerda con nostalgia el tiempo que ya se fue y que transcurrió en esa finca de campo, como así también los amores juveniles idealizados a través del tiempo, y los deseos no solamente de retener espiritualmente ese pasado, sino también el deseo de poder regresar al mismo cuando ya el tiempo inexorable transcurrido no puede volver. De esa forma la vivencia queda sublimizada a través de la poesía. Y en el caso de "Siete Higueras", con una comunión de melodía y poesía que permite desarrollar fielmente esa intención musical y poética.


Una de las satisfacciones personales que este chamamé le dio a Isaco Abitbol fue la posibilidad que tuvo de grabarlo al inicio de su larga trayectoria en los estudios de grabación. En efecto, cuando Isaco Abitbol grabó por primera vez, lo hizo con el conjunto de Emilio Chamorro, aunque figurando en la etiqueta del disco y figurando en la empresa grabadora como "Trío Correntino Emilio del Campo". La empresa grabadora era Odeón, y Emilio Chamorro adoptó ese nombre para poder grabar allí, ya que con su nombre verdadero, con el "Trío Correntino de Emilio Chamorro" lo venía haciendo en la empresa RCA Víctor, y por lo tanto no podía grabar simultáneamente en ambas empresas con el mismo nombre y conjunto. Entonces, estando en el elenco de artistas de la empresa RCA Víctor como Emilio Chamorro, para poder estar en la empresa Odeón, se autodenominó "Emilio del Campo".


Y efectivamente, con el "Trío Correntino Emilio del Campo", Isaco Abitbol grabó por primera vez, y lo hizo en dos oportunidades, en dos días cercanos. El primer día de grabaciones fue el 2 de noviembre de 1937 y registró en el disco los temas "Taragüi rapé" y "Che clavel poty", y el segundo día, que el 9 de noviembre de 1937, registró "Cambá Cuá" y "Siete Higueras". Con 20 años de edad no solamente llegó a grabar sino que lo hizo con uno de los temas de su inspiración, "Siete Higueras".


El "Trío Correntino Emilio del Campo" estaba compuesto por Isaco Abitbol en bandoneón y Emilio Chamorro y Constante Aguer en voces y guitarras. No obstante en el segundo día de grabaciones se incorporó Osvaldo Sosa Cordero para decir las glosas de los dos temas que grabaron ese día que fueron "Cambá Cuá" y "Siete Higueras".




Y justamente, en lo que a la glosa del chamamé "Siete Higueras" se refiere, en esta primera grabación de la obra, que fue cantada por el dúo compuesto por Emilio Chamorro y Constante Aguer", Osvaldo Sosa Cordero hace una glosa en guaraní (disco compilado "La Fonola Chamamecera" Vol. 8).

Con posteridad, en el año 1979, Isaco Abitbol volvió a grabar con su conjunto el chamamé "Siete Higueras", pero lo hizo de manera puramente instrumental, sin canto y sin glosa (álbum "Expresión de mi tierra").



Pero ya antes, el 15 de junio de 1970, "Siete Higueras" había sido grabado por Tarragó Ros y su conjunto (álbum "Mensaje de campo y cielo"), cantando a dúo Gregorio de la Vega y Miguel Fernández, habiéndosele incorporado un recitado a cargo de Oscar Albornoz, que alcanzó mayor difusión que el original de Osvaldo Sosa Cordero.


En cuanto a la coautoría de la obra por parte de Mauricio Cardozo Ocampo, es interesante rescatar que, al margen de la extensa obra autoral de música paraguaya de este autor, "Siete Higueras" es uno de los tres únicos chamamés, juntamente con "Nido sagrado" y "Angélica", que compuso Mauricio Cardozo Ocampo en relación a la música del Litoral.

La letra original de la obra y el recitado incluido por Oscar Albornoz lograron conjugarse en una unidad coherente de belleza y nostalgia.

SIETE HIGUERAS (chamamé)

Letra: Mauricio Cardozo Ocampo y Eliseo Corrales
Música: Isaco Abitbol

Cantado

Lejos de mis pagos quedó el recuerdo
de unos ojazos que eran mi pasión,
y sus miradas que eran hechizos
dejó a mi alma llena de dolor.

Morenita de esos pagos
que eras reina del lugar,
hoy mi alma que te extraña
hasta tí quiere llegar.
"Siete Higueras" de mi vida,
la estancia de mi pesar,
prefiero que me muriera
si hasta tí no he de llegar.

Glosa

A la estancia "Siete Higueras"
va mi recuerdo de amor
evocando aquel paisaje
donde no anidó el dolor.
En una noche de otoño
volveré con mi cantar
para quedarme en el tiempo
que nunca pude olvidar.

Cantado

Volveré algún día, morenita mía,
a cantarte alegre mis rezos de amor,
brillará de nuevo toda mi esperanza,
será tuyo entonces mi corazón.

Grabado por el "Trío Correntino Emilio del Campo", con Emilio Chamorro, Constante Aguer e Isaco Abitbol. Recitado de Osvaldo Sosa Cordero (09/11/37).
Grabado por Tarragó Ros y su conjunto. Tarragó Ros y Andrés Cañete en acordeones, Rodolfo González en bandoneón, guitarras y voces de Gregorio de la Vega y Miguel Fernández. Recitado de Oscar Albornoz (15/06/70).
Grabado por Isaco Abitbol y su conjunto, instrumental (año 1979).

Fuente:
Gutiérrez Miglio, R. 2013. Isaco Abitbol "El patriarca del chamamé" y sus cantores. Ediciones El Reino Guaraní. Buenos Aires. p. 290-293.

lunes, 16 de julio de 2018

Teresa Scarpetto - Entrevista

Hola a todos.
Gracias al amigo Rubén Gallinger, quien gentilmente me hizo saber de este artículo, comparto esta entrevista realizada a la señora Teresa Scarpetto, reconocida poetisa y autora entrerriana. Quizás muchos la recuerden por ser autora de los versos del chamamé "Pagos del Litoral", y que posteriormente don Ernesto Montiel musicalizara. El tema fue grabado por primera vez el 11 de noviembre de 1957 por el Cuarteto "Santa Ana" con la voz de Roberto Galarza.
Aquí, la entrevista realizada por Silvio Gorge y Héctor Luis López, a traves de los micrófonos de FM RIEL de la ciudad de Basalvilbaso (Entre Ríos).
Hasta pronto.
Pablo


"EL CHAMAMÉ ESTÁ SIEMPRE EN MI CORAZÓN"



Hiria Teresa Scarpetta, conocida artísticamente como Teresa Scarpetto, es una destacada poetisa y autora, nacida en Altamirano Sur, Departamento Tala, Entre Ríos.


Teresa Scarpetto junto a un ejemplar de la revista "Iverá" en cuya tapa se encuentra su esposo "Cacho" Arriola

Desde temprana edad se interesó por la música del Litoral escuchando audiciones radiales conducidas por Polito Castillo o Pirca Rojas, comenzando entonces a escribir informalmente letras para obras instrumentales que en principio fueron difundidas en los programas de los mencionados realizadores, pero a comienzos de los años '50, las poemas fueron publicados en la revista nativa "Iverá", lo cual marcaría un antes y un después.

Tras vivir la niñez y adolescencia en la zona rural de Líbaros, precisamente en Colonia La Joya se radica en Basavilbaso, en una casa de la esquina de Manzur y 3 de Febrero, hasta que se muda a Buenos Aires, donde conoce al acordeonista "Cacho" Arriola - posteriormente su esposo y padre de Sergio, su único hijo-, quién la relacionó con destacados cultores del género chamamecero.

El miércoles 11 de julio, Silvio Gorge y Héctor Luis López, a traves de los micrófonos de FM RIEL tuvieron la oportunidad de hablar con la creadora entrerriana quién con gran emoción manifestó: "es una gran alegría poder hablar con gente de Basavilbaso, mis pagos, viví muchos años en ese lugar, donde descansan los restos de mis padres y mi marido, porque pensaba volver. Si bien nací en Altamirano Sur, soy un poco de aquí y allá…".

La "Negra" -como le dice con cariño su amiga Teresa Larrosa- era una gran anfitriona -junto a sus padres Solindo Scarpetta y Eleuteria Villaverde, y "Pitina", su hermana- recibía en el comedor "ovalado" de la casona -entre otros- a Tarrago Ros, Mario Millán Medina, Ernesto Montiel y Coco Diaz. "En lo del fotógrafo Mendoza, en Manzur al fondo, era muy frecuente ver a la "Negra" con sus amigos músicos...en uno de esos "viajes" ella me presentó a quien sería su amado esposo, un correntino "churro", al que le pedimos que la cuidara, porque era una gran mujer", contó Larrosa.

"Lo conocí cuando integraba el Cuarteto Esperanza, yo no era muy enamoradiza, pero me cayo bien. Él era muy bueno, por eso murió joven, tenía 39 años. No puedo escuchar sus discos, porque lloro mucho, y así me pasa con todos. Pero el chamamé está siempre en mi corazón…", dice Scarpetto.

Luego al ser consultada sobre sus comienzos Teresa recordó: "apareció en mi vida la revista "Iverá", y me agradó porque a mí siempre me gustó la música del Litoral, comencé a leerla y empecé a escribir sobre lo que leía". Pero entre recuerdos Scarpetto siente gratitud de que "mis chamamés, gracias a Dios, todavía andan bien...siempre me encuentro con gente que me dice escuché -entre otros- "Pagos del Litoral", pero acá en la Capital Federal se pasa muy poco folklore, en la provincia sí…".

Emocionada al rememorar sus años felices en Colonia La Joya afirma: "tengo muchos recuerdos de ese lugar, vivimos mucho tiempo en esa linda casa, pero luego mi padre se la vendió a un tío del actual Presidente de la Nación (Mauricio Macri) y nos fuimos a vivir a "Basso"; les cuento que me habían puesto en la Comisión de la Escuela en la Colonia (La Joya) y llevamos a muchos músicos, pero Tarragó Ros fue una novedad…".

Fue muy emotivo poder hablar con Teresa Scarpetto, la creadora de muchos éxitos, como "Pagos del Litoral", "Cantar del Paraná", "Sin tu amor", "Canción de mis pagos", "Espejos del Paraná", "A Ernesto Montiel", "Mis cantares", "Nací en el pago" y "Sé que volverás", entre otros; títulos compartidos con celebrados músicos como Luis Casafuz, Julio Luján, Ramón Bermúdez, Anselmo Luque, Juancito "El Peregrino", Adolfo Barboza, Eduardo Miño, Carlos Talavera y Ernesto Montiel. Teresa Scarpetto, poetisa y autora entrerriana.

Artículo extraído del sitio web de FM Riel, Basavilbaso, Entre Ríos, Argentina
Domingo 15 de julio de 2018

Para conocer más:
Historiando cantares - Pagos del Litoral
Historiando cantares - Eterno imposible
Cacho Arriola - La moda del chamamé

domingo, 14 de enero de 2018

Historiando cantares - Tiempo de reencuentro

Hola amigos.
En el año 1986, Ricardo "Tito" Gómez junto con los hermanos Joaquín "Gringo" y Miguel Angel "Michel" Sheridan se desvinculaban de "Los de Imaguaré" dando origen al "Grupo Reencuentro", en compañía del "Bocha" Santiago Sheridan (recién repatriado desde Asunción del Paraguay) y Orlando "Carozo" Gutiérrez. Comenzaron con el nombre de "Quinteto Reencuentro". Con esta agrupación grabaron los dos primeros discos: "Neike chamigo" y "El canto de nuestra gente". Más tarde "Carozo" Gutiérrez abandonaría el grupo para ser músico de Teresa Parodi y daría lugar a Carlos Miño.


El chamamé "Tiempo de reencuentro" fue compuesto por Ricardo "Tito" Gómez y fue grabado en 1986 formando parte del álbum "Neike chamigo" del "Grupo Reencuentro". Al momento de su grabación, la agrupación estaba conformada por Miguel Angel "Michel" Sheridan (1ra. voz, dúos y guitarrón), Orlando "Carozo" Gutiérrez (1ra. guitarra), Joaquín "Gringo" Sheridan (bandoneón y acordeón de dos hileras), Ricardo "Tito" Gómez (dúos, 3ra. voz y guitarra) y Santiago "Bocha" Sheridan (1ra. voz y 3ra. alta). Como músicos invitados estuvieron Mateo Villalba y Oscar Alem.

Ricardo "Tito Gómez

Ricardo "Tito" Gómez en su libro autobiográfico digital "De las musas en mi vida" (Capítulo XIV) relata cómo nació su chamamé "Tiempo de reencuentro".


Al respecto, "Tito" afirma que "...soy el único autor de "Tiempo de reencuentro"....la compuse a solas en una madrugada en un viaje en tren a Corrientes capital. Después permití que el "Gringo" Sheridan firmara la declaración ante SADAIC de que también era suya…por generosidad hacia aquel amigo de la infancia… solo fue eso…. ESA NO ES LA VERDAD… Me pertenece solo a mí y pongo a Dios por testigo en esto…"


TIEMPO DE REENCUENTRO

El lunes 7 de enero de 1986, de madrugada, estaba con mi equipaje en la estación Mercedes del Ferrocarril General Urquiza esperando el tren "El correntino", que todavía hacía Buenos Aires - Corrientes. Éste venía atrasado y lo tomé como a las 01:30 hs y como saqué pasaje de primera, el vagón estaba a oscuras, repleto de gente durmiendo. Vale decir que me esperaba un largo viaje de pie. Acudía al primer encuentro con Joaquín "Gringo" Sheridan para dar forma a mi proyecto, el que se transformaría luego en el “Grupo Reencuentro”. Durante ese viaje, sentí la necesidad de preparar algún tema nuevo para el primer ensayo. Me brotó de pronto la melodía de un tema instrumental y hasta su nombre: “Tiempo de Reencuentro”, el que fuera luego el primero de una larga lista. En el viaje en tren, para este primer ensayo, me preguntaba qué temas haríamos con este nuevo grupo ya que no tenía nada compuesto para él; y en este punto me detengo para hacer notar mi pérdida del sentido de pertenencia de las canciones grabadas por "Los de Imaguaré" o sea la pérdida de lo inherente a mí, a mi propia creación, esas canciones… eran de "Los de Imaguaré". Esa situación me iba preocupando en el viaje; ¿qué tocaríamos? En el tren, camino a Corrientes comencé la creación "in mente", (ya que no tenía guitarra) de una melodía para estrenar en ese primer ensayo. Me proponía conseguir que la misma sonara en síncopa, para diferenciarla de todo lo que había compuesto hasta entonces; porque repito, quería que de allí en más, todo fuera diferente, superior. También mentalmente le incorporé los acordes y cuando tuve todo eso armado en la cabeza, el resultado me encantó. Mi preocupación consistía en no olvidar la melodía- ¡no tenía guitarra ni grabador! Entonces en pleno fervor creativo, comencé a tararearla despacito para fijarla en la mente y luego cada vez más fuerte. Me parecía una verdadera joyita que sonaría maravillosamente en el bandoneón del "Gringo". Como suele suceder con la mayoría de las genialidades, tropecé con la incomprensión: los pasajeros, entre chistidos y calificativos, protestaron: ¿quién es ese loco que va gritando mientras todos estamos durmiendo? Sin amilanarme, proseguí mi canto, pero ya en voz muy baja. Si prestan atención al escuchar "Tiempo de reencuentro" notarán que el acompañamiento imita el ruido que hace el tren al pasar las juntas de los rieles, ese fue el elemento rítmico que me acompañó a la hora de crear. Cuando llegué a la terminal, cubrí casi corriendo las dos cuadras y media que me separaban de la casa de “Gringo”. Cuando éste abrió la puerta ante mis golpes desesperados, le grité: "¡Gringo, Gringo, sacá tu bandoneón yá, que tengo una música y no me la quiero olvidar!". Se la canté nota por nota; y sólo descansé, cuando él la tuvo fijada en su instrumento. Fue ese, el primer tema que grabamos en nuestra primera placa “Neike Chamigo” en el sello Odeón, en otoño del '86.


Continúa "Tito" Gómez diciendo: "Y para que vean que hay otros músicos capaces de tocarla tan bien o mejor que el "Gringo", subo acá la versión inédita de Rudy y Nini Flores que la hicieron muy suya en una versión que se llama inédita porque está grabada en un estudio pero no está en ningún disco de ellos."

"Tiempo de reencuentro" en versión de los hermanos Rudy y Nini Flores.

"Tiempo de reencuentro" en versión de "Grupo Reencuentro" (1er. disco).

"Tiempo de reencuentro" en versión de "Grupo Reencuentro". Actuación en vivo en "Video Cable" de la ciudad de Bella Vista, Corrientes, 8 de septiembre de 1989 (minutos antes del trágico accidente). Músicos: "Tito" Gómez, Carlos Minño, "Gringo" Sheridan y "Michel" Sheridan.