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viernes, 11 de septiembre de 2009

Curiosidades - Villaguay y su palmera milagrosa


Hola a todos.
Hojeando uno de los números de la revista que publica el Centro Cultural "Cuando el Pago se hace Canto", me llamó la atención este artículo que lo quiero compartir con todos Uds.
Para aquellos que no lo saben, Villaguay es uno de los departamentos de la provincia de Entre Ríos y se encuentra ubicado geográficamente en el centro de la misma.
Probablemente el nombre proviene de diversos vocablos de origen guaraní: "Yaguay" (río de tigre), "Yaguaí" (río del tigrecito), "Ibiyá" (tronco) o "Viyá" (culebra), "Cuá" (cueva), "Y" (agua, río, arroyo). Es decir "Manantial que brota del tronco" o "Río o arroyo de las cuevas de las culebras".
Y aunque el artículo no hace referencia al origen etimológico de la palabra "Villaguay", personalmente opino que efectivamente existe una relación entre dicho origen y la historia de "La Palmera Milagrosa".
A leer entonces...
Gracias Carlos "Mange" Casís.
carlosmangecasis@hotmail.com
Hasta la próxima.
Pablo

VILLAGUAY Y SU PALMERA MILAGROSA

Texto de Miguel Angel Federik
(Villaguay, Entre Ríos)

Hace unos años y confirmando que lo mejor de los "Congresos" son las sobremesas, conocí en Concepción del Uruguay a don Carlos A. Castagnino, descendiente de una familia de genoveses que integra la lista fundadora de nuestra segunda identidad: la de europeos transmigrados hacia la paz y el trabajo en tierras de ultramar ya perdidas por los españoles pero aún no ganadas del todo para nosotros.

Asistimos a una injusta disociación entre la concepción sagrada del suelo en que se vive y la propiedad de los campos que sólo se explotan hasta su degradación. Esa tensión persiste en la dulzura y la rabia de los cancioneros reales y de tanto en tanto emerge en las conductas cívicas, puesto que los pueblos osan decir, osan hacer. La microhistoria está llena de estas semillas.

Y como no podía ser de otro modo, hablamos de nuestra tierra -Villaguay, claro está- y salimos a divagar por esos calderos de la memoria colectiva en que hierven y perduran las cosas reales y las cosas mágicas que constituyen la realidad en que vivimos.

En determinado momento y formando parte de estos prodigios apareció "La Palmera Milagrosa de Villaguay". Don Carlos me preguntó si sabía algo de eso. Le dije que había escuchado hablar, pero sólo en boliches de campaña entre barajas y atardeceres con guitarra como formando parte de esa autoafirmación en el milagro histórico que toda criatura necesita para tenerse en pie en una realidad a secas, generalmente brutal y adversa.

Le contesté que nunca me había animado a escribir algo sobre "ella" porque siendo hombre de ciudad y de letras, nadie me iba a creer y menos si lo decía en un poema, ya que la gente cree más en la televisión -que es una mediación virtual- que en la palabra de un poeta, que sólo es mediadora de mundos reales.

Entonces don Carlos me dijo: "Yo tengo la prueba y se la voy a mandar". Y hombre de palabra, me regaló esa prueba y ahora estoy en frente a la quinta página de "EL CENSOR" de Gualeguaychú del día martes 25 de enero de 1944, escribiendo esa noticia de cuando lo mágico nos visitaba.

Se titula: "EL MILAGRO DE UNA PALMERA FAMOSA ENCLAVADA EN LAS SELVAS DEL MONTIEL" - Leyendas Sugestivas - Una bendición de Dios - Propiedades Terapéuticas - La agonía de los Montes...Y luego cuenta una verdad maravillosa anterior al "realismo mágico", y por supuesto anterior a la desoladora visión satelital de nuestros campos de hoy.

Dice allí Adolfo Perotti: "...Corría el año 1870 cuando apareció en el distrito Raíces Oeste del Departamento Villaguay, campos de los Velázquez, una palmera de características originales que llamó la atención de los vecinos, provocando toda clase de comentarios. Era aquella una época de prolongada sequía, desesperante situación que se agravaba por un horizonte erizado de peligros y amenazas. Ese hermoso ejemplar de yatay que creció paulatinamente, mide en la actualidad dos metros de circunferencia y tiene una altura de dieciocho metros. En el tronco a ras de tierra, presenta un hueco de cuarenta centímetros de profundidad por donde surge permanentemente un chorro de agua cristalina y fresca, con la excepcional particularidad que sustituye inmediatamente la cantidad que se extrae y jamás se rebasa..."

Y como si ésto fuera poco, el artículo se ilustra con una fotografía, para prueba de los incrédulos de siempre. Y viendo ésta -donde hay un hombre en pie- los dieciocho metros de altura se hacen casi creíbles y mirando el caballo y el algarrobal detrás, quizás también su diámetro. Pero esas son artimañas de la fotografía.

Se dice que sus "aguas curativas" eras buscadas por las tropas de Urquiza y los heridos de todos los bandos en las contiendas del ayer. Escuché decir que tenía atado con cadenas un jarro para el caminante...Se dice que era 1870...en albores del Jordanismo. Se dice que esa palmera fue el consuelo del sediento en las Selvas del Montiel...y que hombres estudiosos atraídos por las curiosas leyendas han observado el fenómeno llegando a las más variadas conclusiones...Es decir: no es leyenda. Solamente la vieron con ojos no educados para ver la maravilla. A todos nos asiste siempre alguna forma de sordera en la mirada.

Se cuenta allí que el Dr. López Etchevehere lamentaba "con dolor ver agonizar el monte aborigen". Digo hoy: el Dr. Emiliano Carulla por mismos '40 advertía sobre la destrucción de la Selva de Montiel que se iba como leña por los "puertos naturales" a suplir las deficiencias energéticas de la Europa en guerra, haciéndose portavoz inaugural de cuanto ahora llamamos defensa del medio ambiente, otro consuelo de la primera y última verdad: todos vivimos con una pie en la tierra y el otro en lo sagrado. Nadie podría vivir sólo en el "medio ambiente". Vivimos en la cultura, habitamos más de una lengua. Un rancho lleno de estampitas y una casa llena de bibliotecas, son lo mismo. Nadie se sostiene en pie sin sus ecos y sus diálogos constantes con los vivos y los muertos.

Lo cierto es que un diario de Gualeguaychú de hace más de medio siglo daba noticias de que en el departamento Villaguay había una palmera milagrosa de aguas curativas...También es cierto que hoy no existe. Algunos dicen que la "partió un rayo" repitiendo el ciclo cósmico: "lo que el Cielo da, el Cielo quita". Y sabrá el Cielo por qué lo hizo.

Hacheros actuales de los pocos montes que van quedando entre Villaguay y La Paz me han dicho: "No se crea eso...Toda palmera da agua en las raíces..." amortiguando aquel prodigio...o haciendo gala de ese conocimiento popular que transfiere de una palmera a todas las palmeras las mismas facultades y propiedades maravillosas. Negar lo maravilloso único, también es una estrategia del olvido.

Tuvimos una "palmera milagrosa con aguas curativas" y de ella bebieron y con ella curaron sus heridas los guerreros que inventaron Entre Ríos y de ella daban cuenta los diarios de la provincia y los hombres estudiosos hasta mediados del siglo XX. En la cosmogonía guaranítica la primera tierra se sostenía sobre cinco palmeras eternas. Tal vez la de Raíces Oeste fue una hija sobreviviente de aquellas.

Y tengo la prueba: esta quinta página de "EL CENSOR" de Gualeguaychú del martes 25 de enero de 1944. Y aún no había nacido.

Revista "Cuando el Pago se hace Canto" - Edición Nro. 28. Pags. 79-80. 2008.
Publicación anual de la Fiesta Provincial "Cuando el Pago se hace Canto", La Paz, Entre Ríos.

domingo, 19 de abril de 2009

Curiosidades - La primera guitarra de Julio Luján, "El cantor del Litoral"


Mis amigos:
Con el permiso de Carlos "Mange" Casís, y a quien agradezco enormemente su colaboración para este blog, pongo a consideración de todos Uds. esta historia sobre la primera guitarra que tuvo el cantor Julio Luján, integrante del famoso "Cuarteto Santa Ana" y del conjunto de Abelardo Dimotta.

Pablo

LA PRIMERA GUITARRA DEL "CANTOR DEL LITORAL"

En mis tantas charlas, en su modesta casa de calle Alberti o en el Círculo Católico de Obreros, con don Salvador Luján, hermano de Julio Luján, ese gran jilguero que tuvo el "Cuarteto Santa Ana" de don Ernesto Montiel, este hombre bonachón de hablar pausado que hoy peina los 73 años, me ha hecho saber muchas anécdotas y datos de esta gran familia de Villaguay: "Los Luján". Un dato muy curioso, por ejemplo, es el de que si por aquella época (hablo del año 1930 aproximadamente) hubiese habido los adelantos técnicos en la medicina que existen hoy, serían muchos más los hermanos que estarían con vida puesto que llegaron a ser 15 hermanos en total, pero varios murieron muy chicos y por enfermedades que hoy tendrían cura.
Pero una anécdota muy jugosa y por la cual se siente orgulloso don Salvador al contarla, es la de la primera guitarra que llegó a las manos de Julio, el gran cantor, orgullo de la familia.
El 29 de abril de 1928, don José Luján y doña Felisa Alarcón (padres) establecen su domicilio en las calles Paysandú y el acceso a la Sociedad Rural de Villaguay (hoy calle "Julio Luján" en homenaje). Allí don José pone un negocio de ramos generales, reparto de leña, "anexo" boliche. Los sábados eran los días de "guitarreadas", ya que acudían al mismo varios musiqueros de la ciudad y la campaña. Julio, con escasos 10 años, era de los que tenían "asistencia perfecta" y ya se visualizaba su inclinación por la música. Cierto día se encontraba tocando la viola y cantando Asunción Maciel, un amigo de la infancia de don José (ambos habían nacido el mismo año, 1888). Asunción era un hombre que vivía a orillas del Gualeguay, cazando bichos. Aparecía en el pueblo cuando venía a vender sus cueros. Ese día luego de vender su mercancía y de tocar y cantar hasta entrada la tardecita, decide retornar a su rancho bastante "adornao", pero al salir no le dieron las piernas y cayó de lleno sobre su vigüela destrozándola. Julio estaba observando la escena y acudió en su ayuda, también le pidió su guitarra rota solucionando el tema a cambio de una botella de vino y de 0,50 centavos.
El gurí por aquel entonces era alumno interno de la Escuela Municipal de Artes y Oficios "Rogelio Martínez", de lunes a viernes. Bajo la supervisión de su maestro de carpintería y con santa paciencia, como los mejores luthiers, reacondicionó el tan ansiado instrumento con el cual aprendería sus primeros tonos.
Grande fue la sorpresa de Asunción Maciel cuando vio la que otrora fue su instrumento. Se la quiso comprar pero Julio no accedió ni a la mejor propuesta. Y esa fue la primera guitarra de quien fuera el gran Cantor del Litoral, integrante del "Cuarteto Santa Ana" y de Abelardo Dimotta.

Autor del artículo: Jorge Alberto Pérez (Villaguay, Entre Ríos).

Extraído de la Revista "Cuando el Pago se hace Canto" - Edición Nro. 27. Pag. 100. 2007.
Publicación anual de la Fiesta Provincial "Cuando el Pago se hace Canto", La Paz, Entre Ríos.

Editor responsable: Centro Cultural "Cuando el Pago se hace Canto".
Coordinación General: Carlos "Mange" Casís, Italia 1395, La Paz (3190) Entre Ríos, Argentina.
E-mail: carlosmangecasis@hotmail.com

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