martes, 6 de septiembre de 2011

Historiando cantares - Lázaro Blanco

Hola a todos.
El profesor Rubén Manuel Martínez Solís (1920-1996), más conocido artísticamente como "Linares Cardozo" fue un conocido músico, compositor, poeta, pintor y educador entrerriano nacido en ciudad de La Paz. Realizó una notable obra de preservación del folklore entrerriano, en especial de la chamarrita, además de aportar sus propias obras al cancionero folklórico, como la conocida "Canción de cuna costera" y "Soy entrerriano", considerado el himno de la provincia de Entre Ríos. Se ha dicho que la chamarrita como estilo musical hubiera desaparecido de no ser por la obra de don Linares Cardozo.
En el año 1974, Los Hermanos Cuestas -acompañados por la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y el Coro de la Asociación Verdiana- lanzaron su álbum "Canto a Entre Ríos" enteramente dedicado a la obra de don Linares, con 12 temas de su autoría. El éxito de este disco hizo famoso a Linares Cardozo a nivel nacional e internacional.
Uno de los temas que él compuso fue "Lázaro Blanco", un homenaje al chasqui de San José de Feliciano que murió un 7 de septiembre de 1886 a los 22 años, alcanzado por un rayo en una tormenta y que hoy es una figura religiosa de gran inserción popular en el norte de Entre Ríos y sur de Corrientes. Aunque no tiene el reconocimiento oficial de la Iglesia Católica y sus milagros no han sido reconocidos por ésta, año a año aumenta el número de devotos que se dan cita cada 7 de septiembre en el templete ubicado al costado de la ruta que va a La Paz.
En el "Historiando cantares" de hoy traemos el relato escrito por una bisnieta de Lázaro Blanco, la señora Juana Elvira Arias, que narra el encuentro entre don Linares Cardozo y su abuelo Bruno López, hijo de Lázaro.
Un agradecimiento a "Mange" Casís por el material.
Hasta cualquier momento.
Pablo




El día que Linares Cardozo entrevistó al hijo de Lázaro Blanco

Por Juana Elvira Arias (*)

Aquella tarde escuché al pasar un comentario que me llamó mucho la atención. Transitoriamente vivía en casa de mis abuelos en San José de Feliciano y oír decir a mi tía que vendrían a hacer una entrevista a mi abuelo, por entonces yo tenía apenas quince años y a esa edad uno está a la expectativa de cuando sucede alrededor y más aún cuando supe lo de la entrevista. Me pregunté: ¿Quién y por qué lo entrevistarían?

No pude menos que preguntar, con temor a que me respondieran "porque los menores de edad (por esos tiempos) no teníamos derecho a saber lo que hablaban los adultos"; pero tuve suerte y mi tía Blanca me respondió -va a venir Linares Cardozo a charlar con papá porque quiere componer una canción a Lázaro Blanco.
"¿Y quién es Linares Cardozo?" me apresuré a preguntar. A lo que ella respondió "un músico de La Paz".
Hacía apenas seis meses que juntamente con mi familia nos habíamos trasladado desde Sauce (Corrientes) a Santa Elena, mi cultura era netamente correntina, ¿qué podía saber de los entrerrianos?, en consecuencia, poco sabía.
La primavera comenzaba a coquetear en la plaza, en los jardines, y un invierno gris derrotado por la presencia de coloridas y perfumadas flores preparaba su irremediable partida, tiempo de transición de dos estaciones, que me marcaron a fuego porque presencié el encuentro de un grande como fue Linares Cardozo y el único retoño del chasqui felicianero.
Esa mañana, don Bruno, como lo llamaban a mi abuelo, se levantó más temprano, quizás ansioso a la espera de don Linares. Después de desayunar se dirigió a sentarse en su cómodo sillón mecedor, ubicado junto a la puerta de su dormitorio y a pocos pasos de otra puerta que comunicaba con el inmenso patio invadido por el perfume de un viejo jazminero en flor.
Sin duda todos tenemos una determinada ubicación en la casa; para almorzar, para descansar, para dormir y ese era el lugar elegido por mi abuelo, desde allí veía la calle y la gente que pasaba. Bruno tenía casi ochenta y seis años, edad en la que el hombre se sienta a esperar que el tiempo pase sin más esperanzas que ver otro amanecer. Siempre se sentaba allí con sus fieles compañeros que lo custodiaban; dos perritos blancos con algunas manchas marrones en el lomo (exactamente iguales entre ellos) los cuales al menor movimiento del amo, se movían y mi abuelo los tocaba con el bastón para que no obstaculizaran su andar.
Durante horas permanecía allí, pensaba, miraba lejos, como buscando o tratando de recordar algo o simplemente viendo pasar el tiempo.
Eran las diez y pico de la mañana cuando alguien golpeó las manos, corrí curiosa a atender y la silueta de un hombre desconocido por mí se dibujó en el inmenso portón del rancho.
"¿Es la casa de don Bruno López?" preguntó. Con un andar cansino y "sin hacerse rogar" el hombre desenganchó lentamente el alambre que rodeaba el portón y entró, sonriente y amable; me dijo: "¿Y don Bruno? Yo vine a hablar con él", no alcancé a responder; inmediatamente mi tía salió a su encuentro y ambos se saludaron, delante de ellos yo caminaba presurosa, no quería perderme detalle alguno.
El recién llegado vestía una campera gris oscura casi negra y pantalones del mismo color; entró al rancho y mi abuelo intentó incorporarse, pero don Linares no le permitió. "Quédese ahí nomás don Bruno, no se moleste". Los dos hombres se estrecharon las manos; abrazó con afecto a mi abuelo y una emoción se apoderó de la mirada del músico y dijo: "Es un honor estar en la casa del hijo de Lázaro Blanco"; ambos se emocionaron. Lamenté no haber podido reflejar aquel encuentro en una fotografía. Después de hablar con temas triviales, don Linares le confesó el motivo de su visita. "Quiero componer una canción en memoria de su padre, necesito que me cuente todo lo que se acuerde de él, seguramente tiene tánto para contar".
Bruno se acomodó en su sillón, con las manos se apoyó en su bastón, inseparable compañero, sostenido entre sus débiles rodillas lo volvió a acomodar, miró hacia el suelo como buscando las piezas necesarias para armar un rompecabezas y con un dejo de tristeza, lo miró al entrevistador y comenzó su relato.
"Usted sabe que yo tenía apenas cinco años cuando Lázaro murió (nunca decía "mi padre", siempre lo llamó por su nombre). Pero... lo que recuerde lo voy a contar, mi amigo. Ese paisano nació y se crió en el campo, sabía hacer de todo, conocía los montes como la palma de su mano, por eso fue chasqui, no era fácil este oficio. En primer lugar debía ser valiente y conocedor de estos lugares y Lázaro no le tenía miedo a nada. Además era un hombre muy tranquilo y de palabra. Antes no se necesitaba firmar papeles para cumplir con la gente, con estrechar la mano alcanzaba. Su caballo preferido era un tordillo, pero mire usted qué ironía del destino..." -aseveró don Bruno. "El día que lo mató el rayo, montaba un gateado, por esa creencia que el caballo atraía los rayos. Y bueno...era su destino, tenía que morirse ese día nomás".
"¿Tiene fotos?" le preguntó don Linares, y con una sonrisa casi irónica mi abuelo le respondió "nooo...! No existen foto amigo. No se conocían los fotógrafos en esa época, o por lo menos no venían a las casas de los pobres...".
"¿Qué edad tenía cuando falleció?" vuelve a preguntar don Linares, "veintidós años..." le contestó Bruno, "...y vivió aquí mismo juntamente con mi madre Isabel, con quien no era casado por que no había donde hacerlo, por eso yo llevo el apellido de ella, López y no Blanco como debería ser".
Mate de por medio, costumbre bien entrerriana, hizo más amena y cálida la conversación entre los dos hombres, don Linares le comentó que tenía idea de hacer figurar la foto del chasqui en la tapa de su disco (un LP), convencido de que existía algún retrato.
De acuerdo a los relatos escuchados desde muy pequeña, comprobé que mi abuelo no olvidó ningún detalle de los pocos años que vivió su padre, pese a que había pasado mucho tiempo, lo narró con precisión y emoción, por momentos quedaba callado, silencio que indudablemente fue respetado por el interlocutor.
Una gran emoción invadió a don Linares desde que llegó, cuando mi abuelo hablaba de él lo miraba con respeto y ternura, por momentos escribía, se ponía de pie -adaptándose a los tiempos del anciano que lentamente narraba la historia de su padre.
También don Bruno lo escuchó con interés y atención cuando don Linares se refirió a su vida dedicada al canto y amor a su tierra.
Ambos se nutrieron de sus respectivas historias y se rieron de algunas ocurrencias de uno y otro; realmente fue un encuentro de amigos, como si se hubieran conocido de toda la vida (o desde siempre).
Cumplido su objetivo, el compositor agradeció a don Bruno el tiempo dedicado manifestando además su admiración por la buena memoria y la emoción de haber compartido una charla tan amena con el único descendiente del chasqui felicianero.
Abrazó emocionado a mi abuelo, se despedió de todos y ahí al ladito nomás lo esperaba para saborear un asado y seguir hablando de música al prestigioso músico René López, hijo menor de Bruno y amigo de don Linares.
Junto con el sol que se iba perdiendo en el horizonte, don Linares también se alejaba del rancho del chasqui pensando seguramente en la inspiración de la canción que con el paso del tiempo recorrería la Patria grande.

(*) Autora del libro "Lázaro Blanco, el chasqui milagrero".



LÁZARO BLANCO
(chamamé galopeado)

Letra y música: Linares Cardozo

Humilde cruz de leyenda
cerquita de Feliciano
marca el lugar que cayera
el chasque Lázaro Blanco.
Jinete de clar estampa,
anunciadora del alba
fugaz resplandor del monte
hecho de luna y aguada...


Lázaro Blanco...!
galopando fiel tordillo vuelan
tus pilchas de garzas,
aromadas de espinillo.
Lázaro Blanco...!
noble, baqueano, señero,
por "güeno" creció en el pago
tu destino milagrero...
Gaucho chasquero...!
frescura de arroyo manso,
rescoldo de la amistad;
renovales de tus sueños.
Le dan fuerza a la querencia
ya se prodiga tu tierra
dando varones "enteros".
No quiere entregarse el hombre
sabedor de tu sendero,
sapukay, trino, cencerro,
corazón felicianero...!


Savia fuerte de tu pueblo,
fervor del norte entrerriano,
grabado quedó en las huellas
tu nombre, Lázaro Blanco...!
Ilusión de rancherío,
consuelo de noche larga,
allá va...por cielos gauchos
tu brillazón de esperanza.


 
Fuente:
Revista "Cuando el Pago se hace Canto" - Edición Nro. 31. Pags. 12-13. 2011. Publicación anual de la Fiesta Provincial "Cuando el Pago se hace Canto", La Paz, Entre Ríos.

Editor responsable: Centro Cultural "Cuando el Pago se hace Canto".
Coordinación General: Carlos "Mange" Casís, Italia 1395, La Paz (3190) Entre Ríos, Argentina.
E-mail: carlosmangecasis@hotmail.com

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